Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
El lúcido afer que en consulta
dejó una incógnita,
llena de deseos y atriles palidecidos en lecturas de informes no censurados.
Hizo brotar una llama que los ocasos no apagarían.
Un túnel de ambrosía carmesí clavaba el clavel y la espada entre los bigotes finos preguntándose quien cobijaría
esa lumbre de dedos aceitosos
entre ombligos susurrados con
pequeños abanicos de viento macerado en vino y licor afrodisíaco, tenencia copular
del suave dactilar del nombre
dibujado en mi espalda como
cruces de un mapa de mi mundo explorado por mi doctora.
Ávida de secretos guardados
por mi esquizofrenia y desenvueltos como muñecas
rusas de mayor a menor hasta llegar al briznoso acento de mi corazón donde guardaba la muñeca umbilicada de restas
épicas y desamor transformado
en temperaturas silbando como un tren de vapor penetrado en la montaña.
Reservados todos los derechos©
dejó una incógnita,
llena de deseos y atriles palidecidos en lecturas de informes no censurados.
Hizo brotar una llama que los ocasos no apagarían.
Un túnel de ambrosía carmesí clavaba el clavel y la espada entre los bigotes finos preguntándose quien cobijaría
esa lumbre de dedos aceitosos
entre ombligos susurrados con
pequeños abanicos de viento macerado en vino y licor afrodisíaco, tenencia copular
del suave dactilar del nombre
dibujado en mi espalda como
cruces de un mapa de mi mundo explorado por mi doctora.
Ávida de secretos guardados
por mi esquizofrenia y desenvueltos como muñecas
rusas de mayor a menor hasta llegar al briznoso acento de mi corazón donde guardaba la muñeca umbilicada de restas
épicas y desamor transformado
en temperaturas silbando como un tren de vapor penetrado en la montaña.
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