La Muchacha Robot

Luis Fernando Tejada

Poeta reconocido
La Muchacha Robot


La bella robot era incapaz de expresar sentimientos.
(Existía y tenía que ganarse la vida.
Desde que su creador se trasladó a Nueva York,
decidiendo no llevarla por considerar
que ocupaba mucho espacio en el automóvil familiar,
había quedado sola y en la calle).
La única manera de vivir bajo techo
y evitar el peligro de la intemperie,
que podría deterior sus delicados circuitos
era conseguir un trabajo decente
y en lo único que sabía hacer: cantar y bailar .
Además el perro lanetas, mascota del hombre,
nunca la había querido. Olía que no era humana.)
Su vocabulario era muy limitado:
fuera de algunas láminas con la carita feliz y triste
estampadas en color amarillo,
tenía un lenguaje reducido a decir “te quiero”.
Lo que si poseía era un gran repertorio de canciones pop y rock,
grabadas en una voz que emocionaba al público
que tenía el privilegio de escucharla.
El joven dueño de la tienda electrónica apenas la vio,
con su bella cara metálica y sus grandes ojos cibernéticos de color azul,
el cabello de fibra óptica que le llegaba hasta la cintura,
cuerpo curvilíneo perfecto,
quedó de inmediato profundamente enamorado.
La bella robot interpretó para él una canción de moda
y bailó como nunca.
Un emocionado y húmedo beso del impresionado muchacho
plasmado en la robótica mejilla
causó un pequeño corto circuito
haciéndole levantar las comisuras de los labios
como si sonriera.
 
La Muchacha Robot


La bella robot era incapaz de expresar sentimientos.
(Existía y tenía que ganarse la vida.
Desde que su creador se trasladó a Nueva York,
decidiendo no llevarla por considerar
que ocupaba mucho espacio en el automóvil familiar,
había quedado sola y en la calle).
La única manera de vivir bajo techo
y evitar el peligro de la intemperie,
que podría deterior sus delicados circuitos
era conseguir un trabajo decente
y en lo único que sabía hacer: cantar y bailar .
Además el perro lanetas, mascota del hombre,
nunca la había querido. Olía que no era humana.)
Su vocabulario era muy limitado:
fuera de algunas láminas con la carita feliz y triste
estampadas en color amarillo,
tenía un lenguaje reducido a decir “te quiero”.
Lo que si poseía era un gran repertorio de canciones pop y rock,
grabadas en una voz que emocionaba al público
que tenía el privilegio de escucharla.
El joven dueño de la tienda electrónica apenas la vio,
con su bella cara metálica y sus grandes ojos cibernéticos de color azul,
el cabello de fibra óptica que le llegaba hasta la cintura,
cuerpo curvilíneo perfecto,
quedó de inmediato profundamente enamorado.
La bella robot interpretó para él una canción de moda
y bailó como nunca.
Un emocionado y húmedo beso del impresionado muchacho
plasmado en la robótica mejilla
causó un pequeño corto circuito
haciéndole levantar las comisuras de los labios
como si sonriera.
Siempre las limitaciones, la maquina queriendo ser y
al final dejandose atrapar por las emociones no concordes
con su formacion. luchar con ella, una boca de sueño para
una gran obra. saludos amables e luzyabsenta
 

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