Sombras de terciopelo
vagan por mi ventana
suspirando sobre mi mano,
escondiéndose entre la penumbra.
Bajo mi almohada hay un sueño,
que con tanta ilusión busca un hada;
lagrimas del corazón,
es una melodía de sangre para la dama.
Rosas negras marchitadas
regadas todas a mis pies,
suelo repleto de miradas,
todas observan mi piel.
¡Que hermoso es el estar muerto!
¡Cuanta calma hay en mi ataúd!
Se cierran las cortinas de mi alma,
jamás vientos de angustia
la volverán a atormentar,
la volverán a hacer llorar.
A lo lejos, mis oídos aun perciben
el trote lúgubre y la carroza,
es la reina muerte y sus sirvientes,
seguro vienen a cerrar mi herida.
¡Que hermoso es el estar muerto!
¡Cuanta calma hay en mi ataúd!
vagan por mi ventana
suspirando sobre mi mano,
escondiéndose entre la penumbra.
Bajo mi almohada hay un sueño,
que con tanta ilusión busca un hada;
lagrimas del corazón,
es una melodía de sangre para la dama.
Rosas negras marchitadas
regadas todas a mis pies,
suelo repleto de miradas,
todas observan mi piel.
¡Que hermoso es el estar muerto!
¡Cuanta calma hay en mi ataúd!
Se cierran las cortinas de mi alma,
jamás vientos de angustia
la volverán a atormentar,
la volverán a hacer llorar.
A lo lejos, mis oídos aun perciben
el trote lúgubre y la carroza,
es la reina muerte y sus sirvientes,
seguro vienen a cerrar mi herida.
¡Que hermoso es el estar muerto!
¡Cuanta calma hay en mi ataúd!