Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Las aguas somnolientas del olvido
se abrazan a mis tímpanos, imploran tus señales,
se demoran en vertederos,
fluyen hacia mis vértebras por cauces desbordados
-los confines sumisos de mi autosuficiencia-,
se apresuran en ondas, fluctuaciones,
y custodian la lid del pensamiento
-cutis, semilla incauta que ha nacido sin ojos-
que el espejo devuelve
-¿esperabas un huésped?¿Un amante?
¿Su ausencia sin sinónimo?-
sin reflejo.
Son esas mismas aguas símbolos que embadurnan
el carbón de mis párpados
-explícito fractal y epifanía-
y despueblan el ático del tiempo,
bajo un orden de ápices fruncidos
-invocan la apariencia del castigo-
donde los buitres vuelan sin estómago
y alimentas la bestia que es el cielo, ciclo ciego cifrado cierto y cisco
-y creas al autómata que es la recreación de tus orgasmos-,
mientras mi pecho grita como un zombie.
se abrazan a mis tímpanos, imploran tus señales,
se demoran en vertederos,
fluyen hacia mis vértebras por cauces desbordados
-los confines sumisos de mi autosuficiencia-,
se apresuran en ondas, fluctuaciones,
y custodian la lid del pensamiento
-cutis, semilla incauta que ha nacido sin ojos-
que el espejo devuelve
-¿esperabas un huésped?¿Un amante?
¿Su ausencia sin sinónimo?-
sin reflejo.
Son esas mismas aguas símbolos que embadurnan
el carbón de mis párpados
-explícito fractal y epifanía-
y despueblan el ático del tiempo,
bajo un orden de ápices fruncidos
-invocan la apariencia del castigo-
donde los buitres vuelan sin estómago
y alimentas la bestia que es el cielo, ciclo ciego cifrado cierto y cisco
-y creas al autómata que es la recreación de tus orgasmos-,
mientras mi pecho grita como un zombie.