Hsin Li Tzy
Poeta recién llegado
La Mujer de abril es como la primavera,
una estación periódica, pero única e irrepetible,
que cada vez que te visita
tiene un nombre y una cara diferente,
con sonrisa de mujer.
Como la estación,
produce en ti un momento de ímpetu y eclosión,
luego de su mirada furtiva
o el olor de su cabellera al viento,
ella te inquieta, pues, con ella
te encuentras al borde de las pupilas.
Es la Mujer de abril apenas el roce del deseo,
ese preámbulo de placer que se siente
ante la incertidumbre de lo inasible;
es ese galope en tu sien,
el hálito acelerado y entrecortado,
ese sentimiento que te reconoce y reivindica,
en tu naturaleza y tu ser.
Es esa movida interior que te descubre
como barco oxidado,
en la nostalgia de lo que nunca fue,
esa ilusión de lo que no será.
Es el paso al que quieres seguirle el paso,
pero que finalmente no te atreves.
La Mujer de abril es la que desbalanza tu balanza,
entre la comodidad y la inseguridad;
es el estornudo de polen versus la siembra plantada,
es despertar de nuevo,
aunque prefieras dormitar hipotecado
por cualquier cosa a la que llames felicidad,
aun sabiendo que ella es tu felicidad.
Es la paradoja del filo de las cosas,
es un instante y un nunca jamás.
La Mujer de abril no tiene edad;
puede tener la piel turgente,
el sexo incansable y
desordenadas las sábanas,
o un rostro viajado en el tiempo,
una palabra conmovedora y
una cama sentida,
que te muestre tu propio corazón
y te robe el alma.
La mujer de abril es efímera,
fugaz,
estacional,
una reincidente habitual;
el sueño que habita en la fantasía de los sueños,
porque tu temor la hace inmaterial.
Lo que nunca sabes ni sabrás,
es que esa mujer de abril quiere ser
primavera, otoño, invierno y verano.
Lo que nunca sabes ni sabrás,
es que a esa mujer de abril
la dejas siempre en la espera
en cualquier estación,
dándose a ti en cuerpo y alma,
para dejar de ser
estío.
Emilia,
Sep 25 de 2010.
Derechos Reservados/Copyright
http://www.tahitiguide.com/@es/edito/view_picture.asp?name=dsc00163&album=\Photos\DL0538\gauguin\album
una estación periódica, pero única e irrepetible,
que cada vez que te visita
tiene un nombre y una cara diferente,
con sonrisa de mujer.
Como la estación,
produce en ti un momento de ímpetu y eclosión,
luego de su mirada furtiva
o el olor de su cabellera al viento,
ella te inquieta, pues, con ella
te encuentras al borde de las pupilas.
Es la Mujer de abril apenas el roce del deseo,
ese preámbulo de placer que se siente
ante la incertidumbre de lo inasible;
es ese galope en tu sien,
el hálito acelerado y entrecortado,
ese sentimiento que te reconoce y reivindica,
en tu naturaleza y tu ser.
Es esa movida interior que te descubre
como barco oxidado,
en la nostalgia de lo que nunca fue,
esa ilusión de lo que no será.
Es el paso al que quieres seguirle el paso,
pero que finalmente no te atreves.
La Mujer de abril es la que desbalanza tu balanza,
entre la comodidad y la inseguridad;
es el estornudo de polen versus la siembra plantada,
es despertar de nuevo,
aunque prefieras dormitar hipotecado
por cualquier cosa a la que llames felicidad,
aun sabiendo que ella es tu felicidad.
Es la paradoja del filo de las cosas,
es un instante y un nunca jamás.
La Mujer de abril no tiene edad;
puede tener la piel turgente,
el sexo incansable y
desordenadas las sábanas,
o un rostro viajado en el tiempo,
una palabra conmovedora y
una cama sentida,
que te muestre tu propio corazón
y te robe el alma.
La mujer de abril es efímera,
fugaz,
estacional,
una reincidente habitual;
el sueño que habita en la fantasía de los sueños,
porque tu temor la hace inmaterial.
Lo que nunca sabes ni sabrás,
es que esa mujer de abril quiere ser
primavera, otoño, invierno y verano.
Lo que nunca sabes ni sabrás,
es que a esa mujer de abril
la dejas siempre en la espera
en cualquier estación,
dándose a ti en cuerpo y alma,
para dejar de ser
estío.
Emilia,
Sep 25 de 2010.
Derechos Reservados/Copyright
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