jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
se me van los días
haciendo nada
mirando el cielo, esperando la hora
de la comida o la cena
recontando a cada rato por enésima vez
los 12 cuadritos del dibujo en cada baldosa del piso
mientras voy y vengo de una esquina a otra del cuarto
preguntándome para qué diablos
se supone que existo
pensando en irme de viaje a cualquier parte
romper la brutal inercia del cero absoluto
meterme en el coche y agarrar derecho
a ver hasta dónde llego
o detenerme en manzanillo a esperar la noche
y subirme a un barco
que me lleve a donde sea
que me lleve quizás a yokohama
digamos
una larga travesía escondido en la bodega
alimentándome de sardinas en lata
o sirviéndole de puta a un marinero
llegar por fin a yokohama
¿qué haría yo en yokohama?
¿qué hace un tipo como yo perdido
en un lugar como yokohama?
¿habrá una mujer en ese lugar
que tenga nostalgia de mí
aun sin haberme visto nunca antes?
¿y cómo daría yo con ella
o ella conmigo?
deambularía tal vez entre los puestos
de venta de pescado
mirando a los ojos de las mujeres
en mis propios ojos la constante pregunta
¿eres tú acaso esa desconocida
que siente nostalgia de un hombre
venido de allende los mares y al que nunca ha visto?
¿cuánto tiempo tendría que pasar
hasta dar por fin con ella?
esa luz clara destellando de pronto
inexplicable y cierta
al fondo de una mirada de mujer
la señal incuestionable del destino
irrumpiendo contundente y precisa
en medio del bullicio y el tropel de los viandantes
un día cualquiera entre los apretujados
puestos de venta en el mercado de pescado
de la remota yokohama
la inefable certeza ¡es ella!
el vértigo, la supresión instantánea de toda
la pesada carga de amargura y sinsentido
luego el hombre de cráneo rasurado y arete en la oreja
apareciendo detrás suyo y rodeando
con un fornido brazo su gentil cintura
"¿qué miras, hijo de puta?"
allá en yokohama
mi felicidad está en esa isla
el punto más lejos de donde estoy ahora
preguntándome por enésima vez en lo que va del día
¿qué diablos se supone
que estoy haciendo aquí?
haciendo nada
mirando el cielo, esperando la hora
de la comida o la cena
recontando a cada rato por enésima vez
los 12 cuadritos del dibujo en cada baldosa del piso
mientras voy y vengo de una esquina a otra del cuarto
preguntándome para qué diablos
se supone que existo
pensando en irme de viaje a cualquier parte
romper la brutal inercia del cero absoluto
meterme en el coche y agarrar derecho
a ver hasta dónde llego
o detenerme en manzanillo a esperar la noche
y subirme a un barco
que me lleve a donde sea
que me lleve quizás a yokohama
digamos
una larga travesía escondido en la bodega
alimentándome de sardinas en lata
o sirviéndole de puta a un marinero
llegar por fin a yokohama
¿qué haría yo en yokohama?
¿qué hace un tipo como yo perdido
en un lugar como yokohama?
¿habrá una mujer en ese lugar
que tenga nostalgia de mí
aun sin haberme visto nunca antes?
¿y cómo daría yo con ella
o ella conmigo?
deambularía tal vez entre los puestos
de venta de pescado
mirando a los ojos de las mujeres
en mis propios ojos la constante pregunta
¿eres tú acaso esa desconocida
que siente nostalgia de un hombre
venido de allende los mares y al que nunca ha visto?
¿cuánto tiempo tendría que pasar
hasta dar por fin con ella?
esa luz clara destellando de pronto
inexplicable y cierta
al fondo de una mirada de mujer
la señal incuestionable del destino
irrumpiendo contundente y precisa
en medio del bullicio y el tropel de los viandantes
un día cualquiera entre los apretujados
puestos de venta en el mercado de pescado
de la remota yokohama
la inefable certeza ¡es ella!
el vértigo, la supresión instantánea de toda
la pesada carga de amargura y sinsentido
luego el hombre de cráneo rasurado y arete en la oreja
apareciendo detrás suyo y rodeando
con un fornido brazo su gentil cintura
"¿qué miras, hijo de puta?"
allá en yokohama
mi felicidad está en esa isla
el punto más lejos de donde estoy ahora
preguntándome por enésima vez en lo que va del día
¿qué diablos se supone
que estoy haciendo aquí?