café en chernobyl
Poeta recién llegado
La mujer perfecta
Me enamoré de una fea.
Tenía la nariz como de babucha,
la boca como de un jamelgo, el vientre
de una lagartija y aún así,
era poco decirle que era fea.
Tenía los bolsillos rotos, la cartera manchada,
los papeles de la oficina llenos de sellos,
y aún así caminaba super-altiva
en las aceras.
Beatriz (como de Dante / como de Rossetti)
era su apodo, su mimo,
que con cariño le había puesto.
Como un paraguas en la playa,
como un peaje en la avenida.
Salí con ella, nunca cubriéndome como un Batman,
sino como un sensacionalista actor de Warhol.
Le gustaba tomarme fotos,
con su polaroid SX-70, haciéndome la inhalación.
Masturbación. Ventolín. Ritalin.
Sus piernas peludas se entrecruzaban
con las mías bajo las sabanas
con moho. Su axila de corte romo raspaba
mi hombro de tribal.
Yo la besaba como el zumo de un higo.
Ella me besaba como un loco a un fantasma.
Ella era fea, tanto que no sabía tocar el piano
y hacia ruido al sonarse la nariz.
Ella era fea, pues se busco a un patán de tinta
que un snob de opulencia.
Al final.
El agua estaba en la cubeta
y la noche en su sitio.
Eso la aburrió.
Me enamoré de una fea.
Tenía la nariz como de babucha,
la boca como de un jamelgo, el vientre
de una lagartija y aún así,
era poco decirle que era fea.
Tenía los bolsillos rotos, la cartera manchada,
los papeles de la oficina llenos de sellos,
y aún así caminaba super-altiva
en las aceras.
Beatriz (como de Dante / como de Rossetti)
era su apodo, su mimo,
que con cariño le había puesto.
Como un paraguas en la playa,
como un peaje en la avenida.
Salí con ella, nunca cubriéndome como un Batman,
sino como un sensacionalista actor de Warhol.
Le gustaba tomarme fotos,
con su polaroid SX-70, haciéndome la inhalación.
Masturbación. Ventolín. Ritalin.
Sus piernas peludas se entrecruzaban
con las mías bajo las sabanas
con moho. Su axila de corte romo raspaba
mi hombro de tribal.
Yo la besaba como el zumo de un higo.
Ella me besaba como un loco a un fantasma.
Ella era fea, tanto que no sabía tocar el piano
y hacia ruido al sonarse la nariz.
Ella era fea, pues se busco a un patán de tinta
que un snob de opulencia.
Al final.
El agua estaba en la cubeta
y la noche en su sitio.
Eso la aburrió.