angela_guerrero
Poeta recién llegado
Miro entonces a la mujer que soñé en silencio,
La miro, acaricio su pelo y la noto fría,
Detenida se quedo en el tráfico,
En el espejo se mira y sin pensarlo
Arranca de sus goznes sus cabellos
Cual puerta desportillada, es tirada por el viento.
Miro entonces a la mujer que soñé
En la irrealidad de un espejo,
Ojos de gata, cuerpo de lo que es,
Aroma a miel y naranjas
Cuando el verdadero sabor
De sus labios y palabras, es de hiel.
Miro entonces a la mujer que soñé,
Presa de una noche oscura,
Atrapada en lujosa jaula,
Las flores en sus manos marchitas,
Viendo al son de su canto
Los pajarillos perecer,
Apagado atardecer, como lo están sus sueños
Hoy veo lo que es.
Muerde sus labios, ataca a la niña que fue,
Cuenta, como cuentagotas el tiempo,
Ya no llora
Tiene lágrimas de sal y arena,
Arena del desierto, seco, que parte sus palmas
Y agrieta sus pies,
Saladas como sus palabras desnudas
Sin caretas, ni estratagemas de ajedrez.
Miro entonces la mujer que un día soñé,
La mestiza ardiente de lengua libre,
Peonza del destino, ni la mitad
de lo que de niña desee ser.
Miro a la mujer del espejo,
El tiempo labro heridas en su piel,
¿Cómo puede dañar el silencio?
¿Cómo el tiempo puede llevarse la sed?
Sed de vivir, de sentir y ser.
Todo aquello esta noche
ronda el espejo
En el que la magia reflejo
aquello que no debio ser.
Ángela Guerrero
22/12/07
La miro, acaricio su pelo y la noto fría,
Detenida se quedo en el tráfico,
En el espejo se mira y sin pensarlo
Arranca de sus goznes sus cabellos
Cual puerta desportillada, es tirada por el viento.
Miro entonces a la mujer que soñé
En la irrealidad de un espejo,
Ojos de gata, cuerpo de lo que es,
Aroma a miel y naranjas
Cuando el verdadero sabor
De sus labios y palabras, es de hiel.
Miro entonces a la mujer que soñé,
Presa de una noche oscura,
Atrapada en lujosa jaula,
Las flores en sus manos marchitas,
Viendo al son de su canto
Los pajarillos perecer,
Apagado atardecer, como lo están sus sueños
Hoy veo lo que es.
Muerde sus labios, ataca a la niña que fue,
Cuenta, como cuentagotas el tiempo,
Ya no llora
Tiene lágrimas de sal y arena,
Arena del desierto, seco, que parte sus palmas
Y agrieta sus pies,
Saladas como sus palabras desnudas
Sin caretas, ni estratagemas de ajedrez.
Miro entonces la mujer que un día soñé,
La mestiza ardiente de lengua libre,
Peonza del destino, ni la mitad
de lo que de niña desee ser.
Miro a la mujer del espejo,
El tiempo labro heridas en su piel,
¿Cómo puede dañar el silencio?
¿Cómo el tiempo puede llevarse la sed?
Sed de vivir, de sentir y ser.
Todo aquello esta noche
ronda el espejo
En el que la magia reflejo
aquello que no debio ser.
Ángela Guerrero
22/12/07