darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con la edad de un querubín,
con el cabello diáfano de la inocencia,
así en la plaza de la inteligencia;
vociferas alegría.
Finas cejas esconden la candidez de una realidad,
escribes tus tareas en la cuadrícula de un destino brutal.
Percepciones abusan de tu memoria,
una baraja hiere un corazón
y un trébol lastima las vísceras del duende
que encierras en tu pasión.
El amanecer aguza tu elegancia
y descansando boca abajo te niegas a despertar
de un tímido sueño.
El aroma de tu cuerpo oculta palabras bellas,
en la sencillez y en la sensibilidad de la vergüenza
te atosigan pensamientos funestos.
Niña de la tenue luz de una broma,
humor negro que afecta la psiquis de una ilustración
que se revuelca con los números.
Las ilusiones se esparcen y se desvanecen
en la desconfianza de tu alma.
Dejas tendida tu canora presencia
y tu interior se escurre en el sopor.
¡Niña, todavía percibo tu olor!
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