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Estoy triste pensó la niña viento,
la sangre del amor me quema y siento.
Si en la pradera un bello joven viese
que ganas de besar mi piel tuviese
yo le daría todo lo que guardo
por sentir en mi piel su olor a nardo;
pero no, que no debe este tormento
quemar mi doncellez y pensamiento
pues este fuego abrasa entre mis piernas,
este deseo loco de una boca
que en imaginación febril y loca
mi joven cuerpo abrasas y gobiernas.