hugoescritor
Poeta que considera el portal su segunda casa
La noche que llovieron estrellas fugaces,
sobre los campos yermos de mi desazón...
La noche en que el viento lamía los sauces,
regulando el gemido con su diapasón...
Fue la noche que hurgué en mis pobres tripas,
buscando el detalle que me señalara
que parte de NUNCA yo no comprendía,
cuando fabulaba con tener tu amor.
Relámpagos albinos tajearon mi cara
y truenos de nostalgia brindaron su son,
para que bailara la bestia enjaulada,
esa que libero cuando pienso en vos...
Ya se, te he perdido...
No necesito que alumbres en mi cerrazón.
No me hacen falta caricias al descuido,
puedo muy bien comprarme otro corazón.
Y así, día tras días, transcurren mis jornadas,
a veces empeora, pero eso es mejor,
que seguir paveando meneando a mis tripas,
que no tienen culpa de este metejón.
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