luz
Poeta que considera el portal su segunda casa
[center:0fd9fb7b58]La noche...
En la noche recorrí a solas los senderos de mi vida.
Me decidí a buscar en esos rincones oscuros,
quería saber en qué recodo del camino
olvidé mis sueños y perdí toda esperanza.
La tristeza me había detenido el tiempo
y me condenaba al dolor de la nada.
Me pregunté cómo salir del hastío y escapar
de la atróz memoria que me quita la calma.
En ese campo de horizonte lejano, vi al hombre,
con su paso tranquilo, más allá del alambrado.
Comprendí que lejos de mí, también suceden cosas.
La desolación me tomó de golpe y por sorpresa.
Rodeada de silencios, me embargó la pena.
Sintiendo tu dolor, en mis entrañas, supe:
primero, debía encontrarme a mí misma,
antes de conseguir la paz de la que hablabas.
Te busqué en las sombras de la noche.
Descubrí que te habías ido, que no estabas.
La oscuridad me envolvió y sentí extinguirme,
como se iba desdibujando tu imagen de mi espacio.
Mi llanto regó esa tierra con lágrimas amargas.
En una, tu rostro, como en un espejo reflejado.
Me sentí morir, la angustia me ahogaba, supe:
debía seguir transitando ese trecho del camino.[/center:0fd9fb7b58]
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[center:0fd9fb7b58]La mañana...
Desperté con un rayo de sol ya alto,
y con el trino de esos pájaros que saben,
y se preparan a emigrar con el otoño;
quise, con ellos, poder volar hasta tu cama.
No importaba la distancia ni el camino,
tan grande era mi deseo de mirarte,
que me temblaban el cuerpo, me dolía;
y quise buscar tus manos para aquietarlo.
Sé que voy a encontrarte, esperando,
sereno y firme, con tu paciencia sabia.
Quiero tomarte entre mis brazos, mirarte
a los ojos y decirte cuánto te amo.[/center:0fd9fb7b58]
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En la noche recorrí a solas los senderos de mi vida.
Me decidí a buscar en esos rincones oscuros,
quería saber en qué recodo del camino
olvidé mis sueños y perdí toda esperanza.
La tristeza me había detenido el tiempo
y me condenaba al dolor de la nada.
Me pregunté cómo salir del hastío y escapar
de la atróz memoria que me quita la calma.
En ese campo de horizonte lejano, vi al hombre,
con su paso tranquilo, más allá del alambrado.
Comprendí que lejos de mí, también suceden cosas.
La desolación me tomó de golpe y por sorpresa.
Rodeada de silencios, me embargó la pena.
Sintiendo tu dolor, en mis entrañas, supe:
primero, debía encontrarme a mí misma,
antes de conseguir la paz de la que hablabas.
Te busqué en las sombras de la noche.
Descubrí que te habías ido, que no estabas.
La oscuridad me envolvió y sentí extinguirme,
como se iba desdibujando tu imagen de mi espacio.
Mi llanto regó esa tierra con lágrimas amargas.
En una, tu rostro, como en un espejo reflejado.
Me sentí morir, la angustia me ahogaba, supe:
debía seguir transitando ese trecho del camino.[/center:0fd9fb7b58]
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[center:0fd9fb7b58]La mañana...
Desperté con un rayo de sol ya alto,
y con el trino de esos pájaros que saben,
y se preparan a emigrar con el otoño;
quise, con ellos, poder volar hasta tu cama.
No importaba la distancia ni el camino,
tan grande era mi deseo de mirarte,
que me temblaban el cuerpo, me dolía;
y quise buscar tus manos para aquietarlo.
Sé que voy a encontrarte, esperando,
sereno y firme, con tu paciencia sabia.
Quiero tomarte entre mis brazos, mirarte
a los ojos y decirte cuánto te amo.[/center:0fd9fb7b58]
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