Busco la noche. Como una sombra hermana
entre las sombras, miro hacia las estrellas.
Me envían la caricia de su luz lejana.
Soy claridad y penumbra. Formo un todo con ellas.
Cierro los ojos, siento la dulce calma,
el golpear de la sangre en mis oídos
como un torrente saltando la montaña.
Fuera, silencio. El mundo está dormido.
Solos tu y yo, unido el pensamiento,
juegas enredando tus dedos en mi pelo
que responde a tu juego, sin aliento,
y tejiendo en tu mano, un tenue velo.
Deseo solo detenerte en el tiempo,
tu eres la luz del sol, mi dulce guía,
Aspiro hacer eterno este momento,
¡Quédate dónde estás!, la noche es mía.
¡Ay poderoso astro, retrasa tu salida!.
¿No ves que con tu luz todo se apaga,
y los sentidos vuelven a la vida?.
¿Qué con la claridad mi ser se acaba?.
Aún conservo mi pelo enmarañado,
más entre tus rayos, mi suerte está perdida.
Me has robado mi cielo estrellado.
La sombra de la noche, ya no es mía.