venezia lesseps
Poeta recién llegado
La obscena tiranía de las horas
Estoy hecha de esa obscena
tiranía de la horas,
de esas horas que perfuman
el misterio de la tarde,
cuando el alma arrasa en oros
ese cielo en que ahora arde
el crepúsculo cautivo
en que anida la sonora
soledad de la palabra.
La palabra redentora
que redime a los amantes,
la palabra que persigue
el hechizo de un te quiero,
cuando mágica, consigue
la mirada en unos ojos
de pupila ensoñadora.
Estoy hecha a ese silencio
que se muere en un suspiro,
en que nacen las liturgias
y los llantos palpitantes
que cabalgan mis desiertos,
esos yermos anhelantes
donde busco la llegada
de la noche en la que aspiro
a inundarme en las estrellas
de diamantes y de prasmas
y a volver a recobrar la
posesión de mis fantasmas.
Venezia
Estoy hecha de esa obscena
tiranía de la horas,
de esas horas que perfuman
el misterio de la tarde,
cuando el alma arrasa en oros
ese cielo en que ahora arde
el crepúsculo cautivo
en que anida la sonora
soledad de la palabra.
La palabra redentora
que redime a los amantes,
la palabra que persigue
el hechizo de un te quiero,
cuando mágica, consigue
la mirada en unos ojos
de pupila ensoñadora.
Estoy hecha a ese silencio
que se muere en un suspiro,
en que nacen las liturgias
y los llantos palpitantes
que cabalgan mis desiertos,
esos yermos anhelantes
donde busco la llegada
de la noche en la que aspiro
a inundarme en las estrellas
de diamantes y de prasmas
y a volver a recobrar la
posesión de mis fantasmas.
Venezia