Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para ti, con una herramienta de profanador,
en un arrebato quisiera, lo juro, desengarzar
de mi huraño santuario sentimental
y en celoso resguardo encastradas en mi corazón,
las diademas en bruto de mi devoción.
Luego, una por una pulida en amoroso afán,
enseñártelas para que aprecies tú, su legitimidad.
Que cada sentimiento que guardo hacia ti,
fulgure en todo su esplendor.
Que te enjoyes, como me adorno de tu amor:
tu mente, tu cuerpo, tu almita traviesa y gentil,
para que ya nunca, nunca tu fe, dude de mí.
Para que entonces, ricos de pasión los dos,
brillen insuperables, tus ojos de brioso candor.
Pero si a veces no logro profanar mi templo
de sobria expresión y dormido ritual,
no desesperes por favor, no pienses mal.
Es por tu seguro amor que mi letárgico criterio
retiene confiado en sus Dioses a tiempo,
cual arcana ternura de casta ancestral,
mi caricia indispensable a tu ansia primordial.
Y perdóname si, como en esta noche,
en rústica intención, apenas mi anhelo
consiguió para ti, desglosar lo que siento;
pues, con papel y tinta y en burdo derroche,
desarraigué de mi espíritu, cual broncíneo broche,
cual metal adusto de poético afán y débil destello,
la genuina ofrenda de éstos pretendidos versos.
en un arrebato quisiera, lo juro, desengarzar
de mi huraño santuario sentimental
y en celoso resguardo encastradas en mi corazón,
las diademas en bruto de mi devoción.
Luego, una por una pulida en amoroso afán,
enseñártelas para que aprecies tú, su legitimidad.
Que cada sentimiento que guardo hacia ti,
fulgure en todo su esplendor.
Que te enjoyes, como me adorno de tu amor:
tu mente, tu cuerpo, tu almita traviesa y gentil,
para que ya nunca, nunca tu fe, dude de mí.
Para que entonces, ricos de pasión los dos,
brillen insuperables, tus ojos de brioso candor.
Pero si a veces no logro profanar mi templo
de sobria expresión y dormido ritual,
no desesperes por favor, no pienses mal.
Es por tu seguro amor que mi letárgico criterio
retiene confiado en sus Dioses a tiempo,
cual arcana ternura de casta ancestral,
mi caricia indispensable a tu ansia primordial.
Y perdóname si, como en esta noche,
en rústica intención, apenas mi anhelo
consiguió para ti, desglosar lo que siento;
pues, con papel y tinta y en burdo derroche,
desarraigué de mi espíritu, cual broncíneo broche,
cual metal adusto de poético afán y débil destello,
la genuina ofrenda de éstos pretendidos versos.
Última edición: