viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se derrama por la ventana
este crepúsculo tan oportuno,
tan a juego con mi sombra.
No quedó más que un cuerpo
siempre sediento de tu carne,
recibiendo a la conciencia,
antes, sin cobertura alguna.
La nevera huele a tu memoria,
pero blanca como tu ausencia.
Y la otra orilla de la cama
echa de menos tu columna.
Mis ojos rociados de otoño
recuerdan adictos, tus sonrisas.
Las de tus manos preñadas
de caricias mensajeras,
y las de tu boca,
hamaca de mis sueños...
Porqué mis esperanzas durmieron
en la cintura de tus labios,
invencibles con tu aprobación,
rotas, si me despertabas.
Los libros que leíste
conservan tu mirada.
Yo bebo en sus hojas,
ahora bucólicas de azafrán.
Me imagino la respuesta
que tu mente resolvía
en cada punto y aparte,
en cada parte de tu mundo.
Aquí frente a tu lápida,
el mármol me vacía.
Te imagino tan desprovista,
tan desnuda de mirada,
que no soy capaz de despertarte.
Me dejaste con la tarea
ardua de mentir a mi lógica,
creer, que tras la dama negra,
continúa latiendo el corazón.
Aunque éste que subscribe
lo hace sólo por inercia.
este crepúsculo tan oportuno,
tan a juego con mi sombra.
No quedó más que un cuerpo
siempre sediento de tu carne,
recibiendo a la conciencia,
antes, sin cobertura alguna.
La nevera huele a tu memoria,
pero blanca como tu ausencia.
Y la otra orilla de la cama
echa de menos tu columna.
Mis ojos rociados de otoño
recuerdan adictos, tus sonrisas.
Las de tus manos preñadas
de caricias mensajeras,
y las de tu boca,
hamaca de mis sueños...
Porqué mis esperanzas durmieron
en la cintura de tus labios,
invencibles con tu aprobación,
rotas, si me despertabas.
Los libros que leíste
conservan tu mirada.
Yo bebo en sus hojas,
ahora bucólicas de azafrán.
Me imagino la respuesta
que tu mente resolvía
en cada punto y aparte,
en cada parte de tu mundo.
Aquí frente a tu lápida,
el mármol me vacía.
Te imagino tan desprovista,
tan desnuda de mirada,
que no soy capaz de despertarte.
Me dejaste con la tarea
ardua de mentir a mi lógica,
creer, que tras la dama negra,
continúa latiendo el corazón.
Aunque éste que subscribe
lo hace sólo por inercia.