Halloran
Poeta asiduo al portal
LA PALABRA
He descubierto un misterio en tus ojos.
Soy cobarde (demasiado)
y no exploro.
Prefiero esperar a que se manifieste,
para bien o para mal.
Después,
siempre acabo contrito y
amargado...
Pero no suele ser tan grave,
porque al final,
ya curado,
suelo volver a empezar.
Me das miedo, mi amor...
me aterras.
Tengo miedo de una palabra si,
llegado el momento,
he de escucharla.
Son sólo dos letras,
es un monosílabo inicuo
el que me mata.
Quizá no sea tan fuerte como aparento.
Quizá sea mejor la fachada
que el resto del edificio:
la pared exterior de roca,
los tabiques de cartón...
La vida que he ido viviendo
no me ha enseñado gran cosa.
Por eso me he vacunado
contra ella.
Por eso no quiero vivirla
ya.
Pero soy incapaz de cambiarla...
¿y si oigo esa palabra
que me quiebra en mil pedazos
(o quizá en millones de ellos)
el interior?.
Tienes una voz que adoro,
unos labios que admiro,
una mirada que estimo,
todo un cuerpo que amo...
¿Y si escucho
la palabra,
el cruel y maldito sonido
que tanto temo,
que tanto odio,
saliendo de ti?
¿Seguiría amando?
Probablemente sí,
pero sin la ilusión de ahora:
con más muerto todavía
el corazón.
No soy un luchador, eso es lo cierto.
No voy a pelear buscando un cambio.
(No sabría, tampoco,
como hacerlo si,
el destino no quiera,
llegara el momento).
Debería hablarte y callar luego,
esperando las respuestas de tu boca...
Pero no puedo,
y a poder me niego.
Temo demasiado
a esa palabra.
Debería ser más arriesgado,
más lanzado, más aventurero...
más valiente, en suma... pero no quiero.
La palabra me tiene bloqueado.
Si la escucho, mal, porque me muero.
Si no la escucho, peor, porque aún dudo
si no la oiré en el momento en
que te hable, frente a ti, desnudo
el corazón y el alma toda,
temblando por no recibir tu hielo.
Si algún día me suicido y te
pregunto "¿me quieres?",
miénteme, mi amada,
engaña mis sentidos...
miente como jamás habrás mentido,
pero no digas que no.
Y si aún así has de ser sincera,
da plomo a mi alma,
mátame sin pena.
Hazlo rápido...
no me des dolor.
He descubierto un misterio en tus ojos.
Soy cobarde (demasiado)
y no exploro.
Prefiero esperar a que se manifieste,
para bien o para mal.
Después,
siempre acabo contrito y
amargado...
Pero no suele ser tan grave,
porque al final,
ya curado,
suelo volver a empezar.
Me das miedo, mi amor...
me aterras.
Tengo miedo de una palabra si,
llegado el momento,
he de escucharla.
Son sólo dos letras,
es un monosílabo inicuo
el que me mata.
Quizá no sea tan fuerte como aparento.
Quizá sea mejor la fachada
que el resto del edificio:
la pared exterior de roca,
los tabiques de cartón...
La vida que he ido viviendo
no me ha enseñado gran cosa.
Por eso me he vacunado
contra ella.
Por eso no quiero vivirla
ya.
Pero soy incapaz de cambiarla...
¿y si oigo esa palabra
que me quiebra en mil pedazos
(o quizá en millones de ellos)
el interior?.
Tienes una voz que adoro,
unos labios que admiro,
una mirada que estimo,
todo un cuerpo que amo...
¿Y si escucho
la palabra,
el cruel y maldito sonido
que tanto temo,
que tanto odio,
saliendo de ti?
¿Seguiría amando?
Probablemente sí,
pero sin la ilusión de ahora:
con más muerto todavía
el corazón.
No soy un luchador, eso es lo cierto.
No voy a pelear buscando un cambio.
(No sabría, tampoco,
como hacerlo si,
el destino no quiera,
llegara el momento).
Debería hablarte y callar luego,
esperando las respuestas de tu boca...
Pero no puedo,
y a poder me niego.
Temo demasiado
a esa palabra.
Debería ser más arriesgado,
más lanzado, más aventurero...
más valiente, en suma... pero no quiero.
La palabra me tiene bloqueado.
Si la escucho, mal, porque me muero.
Si no la escucho, peor, porque aún dudo
si no la oiré en el momento en
que te hable, frente a ti, desnudo
el corazón y el alma toda,
temblando por no recibir tu hielo.
Si algún día me suicido y te
pregunto "¿me quieres?",
miénteme, mi amada,
engaña mis sentidos...
miente como jamás habrás mentido,
pero no digas que no.
Y si aún así has de ser sincera,
da plomo a mi alma,
mátame sin pena.
Hazlo rápido...
no me des dolor.