Orfelunio
Poeta veterano en el portal
♣
La princesa mora
La princesa mora
Princesa de ojos caídos,
no llores en torre tan alta;
quien alzó a tu marido
se llevo la prenda exhausta;
pues tu fuiste su mal mido,
un mal sueño de hora exacta.
Ahora cumple con tu lloro
lo que invade tu garganta,
que es el ser en su enamoro,
por no ser rosa la estampa.
¡Ay que negro está el ocaso!
¡Ay que nubes esteparias!
¡Ay que hules de arrogancia!
Hoy rehúye hasta el fracaso
en las luces de la estancia,
que se quedan corolarios
como lánguidas malváceas.
En tus lápidas rosáceas
vives sueños de elegancia;
fantaseas por los muros desolados
en amores hierbas rancias,
y destapas tus aromas enfundados
con las viejas quiromancias.
Desde el cielo lloraste mis pasadas,
y un infierno en resonancia
te alivió con mi venida;
se cruzaron caballeros las espadas,
rechinaron por los filos que cortaban,
y encendieron tus pupilas
al vencer lo más clamado que rezabas.
Negra aurora, blanca muerte,
triste y sola quedó por siempre.
Ya las piedras hablan moras,
ya las carnes se nos sienten;
ya los árabes atacan,
ya el cristiano arremete;
con cuchillo y biblia adora,
con los credos de topete.
no llores en torre tan alta;
quien alzó a tu marido
se llevo la prenda exhausta;
pues tu fuiste su mal mido,
un mal sueño de hora exacta.
Ahora cumple con tu lloro
lo que invade tu garganta,
que es el ser en su enamoro,
por no ser rosa la estampa.
¡Ay que negro está el ocaso!
¡Ay que nubes esteparias!
¡Ay que hules de arrogancia!
Hoy rehúye hasta el fracaso
en las luces de la estancia,
que se quedan corolarios
como lánguidas malváceas.
En tus lápidas rosáceas
vives sueños de elegancia;
fantaseas por los muros desolados
en amores hierbas rancias,
y destapas tus aromas enfundados
con las viejas quiromancias.
Desde el cielo lloraste mis pasadas,
y un infierno en resonancia
te alivió con mi venida;
se cruzaron caballeros las espadas,
rechinaron por los filos que cortaban,
y encendieron tus pupilas
al vencer lo más clamado que rezabas.
Negra aurora, blanca muerte,
triste y sola quedó por siempre.
Ya las piedras hablan moras,
ya las carnes se nos sienten;
ya los árabes atacan,
ya el cristiano arremete;
con cuchillo y biblia adora,
con los credos de topete.