Kabuki
Poeta recién llegado
La prisión de los deseos
Bastilla, gulag. Holocausto de cuerpo virgen,
me miras con tu hacha y me oyes con el cuerno;
eres de un solo sentimiento. Como las hadas.
Despecho. Por qué nunca bese tus senos de colonia
ni tus pantorrillas de atolón. Dijiste,
prefiero el crimen y antes de marchar olvidaste
cavar dos fosas. Las estrellas como el eclipse
son tu mal de ojo y azul policía.
me miras con tu hacha y me oyes con el cuerno;
eres de un solo sentimiento. Como las hadas.
Despecho. Por qué nunca bese tus senos de colonia
ni tus pantorrillas de atolón. Dijiste,
prefiero el crimen y antes de marchar olvidaste
cavar dos fosas. Las estrellas como el eclipse
son tu mal de ojo y azul policía.
Un pozo donde pululan ratas, una olla gigante
de liquido verdoso. Una cucharita. Tus días
son del color plata industria y tus noches el
velorio de pequeñas albas. Que mataste,
pues eran ese pequeño aire de levedad.
ese soplo que muta ahora en humos de carbón
de una playa de naufrágos. Tu bilis,
tu mezcla de sanguaza. Tus dedos pican del tabaco
y navegan por la moral del narcotráfico.
Por el suicidio lento.
de liquido verdoso. Una cucharita. Tus días
son del color plata industria y tus noches el
velorio de pequeñas albas. Que mataste,
pues eran ese pequeño aire de levedad.
ese soplo que muta ahora en humos de carbón
de una playa de naufrágos. Tu bilis,
tu mezcla de sanguaza. Tus dedos pican del tabaco
y navegan por la moral del narcotráfico.
Por el suicidio lento.
No deseo la muerte de nadie, ni de la que
me clavó el puñal en la espalda, escupió el canto
y abusó de Cervantes. Ella misma se ha puesto
la soga, y de sus caminos ha hecho el patíbulo.
me clavó el puñal en la espalda, escupió el canto
y abusó de Cervantes. Ella misma se ha puesto
la soga, y de sus caminos ha hecho el patíbulo.
Su juez, el destino. Su última comida, la más amarga.
La abandonaron las nubes de trigo
y los molinos de cebada, la fontana de querubines
y la glorieta de la casa de Santa Ana.
La abandonaron las nubes de trigo
y los molinos de cebada, la fontana de querubines
y la glorieta de la casa de Santa Ana.
Ella yace en un peñasco, con el tramonto
por la greda, con una venda en sus sienes rojas,
con las manos de roble seco, y cruzadas
como en hoz y aspa. Llorando, por qué las esquirlas
jamás consuelan y buscando un marinero,
un nauta, que le diga, vámonos de este mundo
hasta donde descansa la mañana.
por la greda, con una venda en sus sienes rojas,
con las manos de roble seco, y cruzadas
como en hoz y aspa. Llorando, por qué las esquirlas
jamás consuelan y buscando un marinero,
un nauta, que le diga, vámonos de este mundo
hasta donde descansa la mañana.
Ella se vuelve loca. La espera es larga,
un hombre de bata blanca
se la lleva. Con las mejillas llorosas
y el alma cansada.
un hombre de bata blanca
se la lleva. Con las mejillas llorosas
y el alma cansada.