Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
No ves mis ojos abrirse ni cerrarse,
No ves alzar tan siquiera mis cejas,
No hay llanto amargo ni ves mi frente arrugarse
En mí no hay gesto de impetuosa sorpresa.
No verán árido polvo sobre mi cabeza
Ni mi cuerpo entre sacos refugiarse,
No se leerá nada extraño en mis letras
Ni verán mis pesados pies cansarse.
Todo yo parecerá un ser inmutable
Ante tantas miradas expectantes,
Animoso, alegre, infatigable
Sin proferir gemidos incesantes.
Y la tristeza que quisieras descubrir
En el rostro, en las manos tan cambiantes;
Esa angustia que abraza mi sufrir
No la tendrán tus sentidos anhelantes.
Lo que queda escrito en el papel
Son solo trazos de un cierto reflejo;
Hay pincelas escuetas en mi piel
Pero la procesión, despacio, va por dentro.
No ves alzar tan siquiera mis cejas,
No hay llanto amargo ni ves mi frente arrugarse
En mí no hay gesto de impetuosa sorpresa.
No verán árido polvo sobre mi cabeza
Ni mi cuerpo entre sacos refugiarse,
No se leerá nada extraño en mis letras
Ni verán mis pesados pies cansarse.
Todo yo parecerá un ser inmutable
Ante tantas miradas expectantes,
Animoso, alegre, infatigable
Sin proferir gemidos incesantes.
Y la tristeza que quisieras descubrir
En el rostro, en las manos tan cambiantes;
Esa angustia que abraza mi sufrir
No la tendrán tus sentidos anhelantes.
Lo que queda escrito en el papel
Son solo trazos de un cierto reflejo;
Hay pincelas escuetas en mi piel
Pero la procesión, despacio, va por dentro.