Somos la Sociedad de hechiceros,
Brujas, brujos, ogros
Y asimilados,
Venimos a protestar
Por nuestra injusta discriminación
Como lo hacen los indignados.
¿Por qué el papel de malos
Nos toca siempre bailar
En cuentos, historias
Y relatos de asustar?.
Nos lo adjudicáis sin más;
Todo porque no somos
Guapos,altos,espigados,
La moda no dictamos
Ni salimos a desfilar.
Sólo porque nuestro rostro
No es de vuestro agrado;
Porque seamos viejas,
Viejos desdentados
A los que se nota la edad
Y defectos congénitos sufrimos
Que no podemos solventar
Poque no tenemos mutualidad
Que la Seguridad Social
Nos pueda proporcionar.
Veamos un par de casos:
Empecemos por el que se refiere
A la casita de chocolate,
Que para empezar,
De troncos de abedul era,
Y la tía Toribia,
La supuesta bruja,
Era una pobre pensionista
Que ni para un paquete
De azúcar tenía.
Dos mozalbetes alemanes
Que veraneaban en el pueblo,
Les dio por molestar
A las cabras que pacían,
Ajenas a sus golferías.
La Toribia les riñó;
Hansel, Gretel,
Los dos muchachos malcriados,
A la vieja insultaron
Y esta un tirón de orejas les dio.
Y no fue más.
Lo que pasa es que los críos
Un pariente escritor tenían,
Que adornó la historia
De forma un tanto fantástica
De ahí la mala fama
Que a la infeliz anciana le dio.
Lo otro que ocurrió
Se refiere a una tal Blancanieves,
Que en realidad
Azucena se llamaba
Y era una haragana.
Su padre se casó
Con una mujer ya mayor,
Pues las tareas de la casa
Una agonía suponían
Para éste y su hija casquivana.
Desde el principio
Se cayeron mal
Porque Gertrudis,
La madrastra,
Era limpia y ordenada,
Aunque tenía la vista
Algo extraviada,
Una verruga en la barbilla
Y chepa en la espalda.
Azucena,era una fresca
Y en brazos de uno a otro pasaba
Siempre buscando hallar
Un mirlo blanco
Que le diera lo que buscaba.
Los siete enanitos
No eran sino siete mozos del pueblo
Con los que se entretuvo
Hasta encontrar al hijo del alcalde,
Cejijunto y algo torpe,
Pero dispuesto a tragar
Con el pasado voluble
De la hijastra de Gertrudis.
Ésta le recriminó su actitud
Pues sabía que si casaba
Con el lerdo joven,
Sus aventuras no cesarían
Y el nombre de su padre
Por el suelo dejaría.
Azucena le gritó;
Se tiraron de los pelos;
Cuando vino el Aguacil,
La futura novia adujo
Que Gertrudis la quería envenenar
Puesto que le endosó
Una tarta de manzana
Para la fiesta de compromiso
Que ya estaba hace meses caducada.
Estos son los hechos.
En fin, no continuamos
Porque nos daría la madrugada
Y a nuestra edad,
Nuestras piernas no nos sostienen,
La vejiga se resiente
Y el sueño nos adormece.
Pero, pensad, que si queréis
En los cuentos a los malos identificar,
No nos carguéis a nosotros el mochuelo,
Poque hay otros más idóneos
Y alguna idea os damos:
Banqueros de trinque fácil;
Senadores sin escrúpulos;
Políticos sobornados
Y empresarios bocazas
Que debieran hacer oposiciones
A mudos.
Brujas, brujos, ogros
Y asimilados,
Venimos a protestar
Por nuestra injusta discriminación
Como lo hacen los indignados.
¿Por qué el papel de malos
Nos toca siempre bailar
En cuentos, historias
Y relatos de asustar?.
Nos lo adjudicáis sin más;
Todo porque no somos
Guapos,altos,espigados,
La moda no dictamos
Ni salimos a desfilar.
Sólo porque nuestro rostro
No es de vuestro agrado;
Porque seamos viejas,
Viejos desdentados
A los que se nota la edad
Y defectos congénitos sufrimos
Que no podemos solventar
Poque no tenemos mutualidad
Que la Seguridad Social
Nos pueda proporcionar.
Veamos un par de casos:
Empecemos por el que se refiere
A la casita de chocolate,
Que para empezar,
De troncos de abedul era,
Y la tía Toribia,
La supuesta bruja,
Era una pobre pensionista
Que ni para un paquete
De azúcar tenía.
Dos mozalbetes alemanes
Que veraneaban en el pueblo,
Les dio por molestar
A las cabras que pacían,
Ajenas a sus golferías.
La Toribia les riñó;
Hansel, Gretel,
Los dos muchachos malcriados,
A la vieja insultaron
Y esta un tirón de orejas les dio.
Y no fue más.
Lo que pasa es que los críos
Un pariente escritor tenían,
Que adornó la historia
De forma un tanto fantástica
De ahí la mala fama
Que a la infeliz anciana le dio.
Lo otro que ocurrió
Se refiere a una tal Blancanieves,
Que en realidad
Azucena se llamaba
Y era una haragana.
Su padre se casó
Con una mujer ya mayor,
Pues las tareas de la casa
Una agonía suponían
Para éste y su hija casquivana.
Desde el principio
Se cayeron mal
Porque Gertrudis,
La madrastra,
Era limpia y ordenada,
Aunque tenía la vista
Algo extraviada,
Una verruga en la barbilla
Y chepa en la espalda.
Azucena,era una fresca
Y en brazos de uno a otro pasaba
Siempre buscando hallar
Un mirlo blanco
Que le diera lo que buscaba.
Los siete enanitos
No eran sino siete mozos del pueblo
Con los que se entretuvo
Hasta encontrar al hijo del alcalde,
Cejijunto y algo torpe,
Pero dispuesto a tragar
Con el pasado voluble
De la hijastra de Gertrudis.
Ésta le recriminó su actitud
Pues sabía que si casaba
Con el lerdo joven,
Sus aventuras no cesarían
Y el nombre de su padre
Por el suelo dejaría.
Azucena le gritó;
Se tiraron de los pelos;
Cuando vino el Aguacil,
La futura novia adujo
Que Gertrudis la quería envenenar
Puesto que le endosó
Una tarta de manzana
Para la fiesta de compromiso
Que ya estaba hace meses caducada.
Estos son los hechos.
En fin, no continuamos
Porque nos daría la madrugada
Y a nuestra edad,
Nuestras piernas no nos sostienen,
La vejiga se resiente
Y el sueño nos adormece.
Pero, pensad, que si queréis
En los cuentos a los malos identificar,
No nos carguéis a nosotros el mochuelo,
Poque hay otros más idóneos
Y alguna idea os damos:
Banqueros de trinque fácil;
Senadores sin escrúpulos;
Políticos sobornados
Y empresarios bocazas
Que debieran hacer oposiciones
A mudos.