Sira
Poeta fiel al portal
La que tiene sabiduría
Desearía hablaros de una hermosa niña
-bueno, tal vez sea mejor precisar
que ya es una mujer en ciernes-.
De cabellera rubia y esplendorosa,
no teme encarar al mundo de frente
ponderándolo con serenidad juiciosa;
estudiándolo con sus vivos ojos verdes.
Con su pletórica energía adolescente
conquista y aherroja allá por donde pisa.
Con su aplomo de mujer
y su sonrisa de chiquilla.
Con sus carcajadas estruendosas
y sus lágrimas candentes.
¿Qué más puedo decir?
Tan sólo que la quise incondicionalmente,
desde aquel primer y remoto día.
Desde el primer y preciso instante
en que ella pronunciase mi nombre.
Sembrando ya por entonces, con cada sílaba
el fiero cariño que por ella sentiría
en tiempo pasado, futuro y presente.
Por ésta que es mi dulce, áurea niña.
Desearía hablaros de una hermosa niña
-bueno, tal vez sea mejor precisar
que ya es una mujer en ciernes-.
De cabellera rubia y esplendorosa,
no teme encarar al mundo de frente
ponderándolo con serenidad juiciosa;
estudiándolo con sus vivos ojos verdes.
Con su pletórica energía adolescente
conquista y aherroja allá por donde pisa.
Con su aplomo de mujer
y su sonrisa de chiquilla.
Con sus carcajadas estruendosas
y sus lágrimas candentes.
¿Qué más puedo decir?
Tan sólo que la quise incondicionalmente,
desde aquel primer y remoto día.
Desde el primer y preciso instante
en que ella pronunciase mi nombre.
Sembrando ya por entonces, con cada sílaba
el fiero cariño que por ella sentiría
en tiempo pasado, futuro y presente.
Por ésta que es mi dulce, áurea niña.
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