Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
La rata
Las rocas y el hollín de la humareda de otros tiempos,
el olor putrefacto y el vino tinto pudriendo el parquet;
cueva enmohecida por el dolor del tiempo y la codicia,
nos cubre y nos regocija con su aliento holgazán.
La araña en su telaraña tocando sonatas,
la locura y el ensueño de la sonrisa que mata,
¿Por qué no es sonrisa con dientes de leche?
Enloquece. La rata parda enfrente de mí,
me observa con ojos que seducen, con ojos tiernos.
No es casualidad que la podredumbre,
el olor del vino, del queso gruyere y la rata que lo roe,
me acompañen en este sueño eterno de desdicha,
desconcierto delicado de tus hirsutas alas…
de ave de carroña acaparando la pulpa roja y fresca.
El aire pesado con olor a perfume y talco,
talco que se derrumba de estas paredes que no soportan las penas,
que desconocen la vida que alumbra y parpadea
en las sonrisas de los niños y las abuelas.
Ridiculez, hipocresía escondida en la norma, peinados negros,
pincelados de perfectos dientes, ¡sonrisa que enloquece!,
ojala fueras desdentada,
como los labios del fruto que deseo y que no tengo.
¡Que no tengo!
Las rocas y el hollín de la humareda de otros tiempos,
el olor putrefacto y el vino tinto pudriendo el parquet;
cueva enmohecida por el dolor del tiempo y la codicia,
nos cubre y nos regocija con su aliento holgazán.
La araña en su telaraña tocando sonatas,
la locura y el ensueño de la sonrisa que mata,
¿Por qué no es sonrisa con dientes de leche?
Enloquece. La rata parda enfrente de mí,
me observa con ojos que seducen, con ojos tiernos.
No es casualidad que la podredumbre,
el olor del vino, del queso gruyere y la rata que lo roe,
me acompañen en este sueño eterno de desdicha,
desconcierto delicado de tus hirsutas alas…
de ave de carroña acaparando la pulpa roja y fresca.
El aire pesado con olor a perfume y talco,
talco que se derrumba de estas paredes que no soportan las penas,
que desconocen la vida que alumbra y parpadea
en las sonrisas de los niños y las abuelas.
Ridiculez, hipocresía escondida en la norma, peinados negros,
pincelados de perfectos dientes, ¡sonrisa que enloquece!,
ojala fueras desdentada,
como los labios del fruto que deseo y que no tengo.
¡Que no tengo!
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