Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pinto retratos en blanco y negro sin mediar un gris
con los pinceles de pelo de unicornios
y pinturas de aceite de río,
cuando me gana la pereza me desafío
y comienzo en la letra en que me perdí.
Justamente hoy empiezo por encargo
el retrato tardío de la reina de los tristes,
con sus ojos color verde aceituna
y un lunar que al verlo en su figura
cuenta más de lo que dice.
Nadie recuerda la última vez que se sonrió
y los habitantes del reino no murmuran
ni siquiera un buen grillo canta aunque madruga
para no afectar el gesto de su corazón.
Caminantes se acostumbran a vivir de la tristeza
y los turistas pierden cualquier rastro de alegría,
ni pensar en que llegue el día de ver feliz a la reina.
Dibujo sus labios desechos por la sequía
con señas de nunca haber tenido un tiempo mejor,
y sus mejillas pálidas desmejorando el día
que con este verano nos pinta peor.
Me acerco lento para acomodar su rostro
y siento como se recuesta sobre mi mano
y por ese sentimiento desaliñado le robo un beso sin calor...
Caminantes se agolpan en la rendija de la puerta
y los turistas por la ventana toman fotografías,
no pensaron que llegara el día de ver color en la reina.
Lo que pasó cuando bajamos las cortinas
no lo cuento por no faltar el respeto
a la reina que desde aquel día fue reina de la alegría.
con los pinceles de pelo de unicornios
y pinturas de aceite de río,
cuando me gana la pereza me desafío
y comienzo en la letra en que me perdí.
Justamente hoy empiezo por encargo
el retrato tardío de la reina de los tristes,
con sus ojos color verde aceituna
y un lunar que al verlo en su figura
cuenta más de lo que dice.
Nadie recuerda la última vez que se sonrió
y los habitantes del reino no murmuran
ni siquiera un buen grillo canta aunque madruga
para no afectar el gesto de su corazón.
Caminantes se acostumbran a vivir de la tristeza
y los turistas pierden cualquier rastro de alegría,
ni pensar en que llegue el día de ver feliz a la reina.
Dibujo sus labios desechos por la sequía
con señas de nunca haber tenido un tiempo mejor,
y sus mejillas pálidas desmejorando el día
que con este verano nos pinta peor.
Me acerco lento para acomodar su rostro
y siento como se recuesta sobre mi mano
y por ese sentimiento desaliñado le robo un beso sin calor...
Caminantes se agolpan en la rendija de la puerta
y los turistas por la ventana toman fotografías,
no pensaron que llegara el día de ver color en la reina.
Lo que pasó cuando bajamos las cortinas
no lo cuento por no faltar el respeto
a la reina que desde aquel día fue reina de la alegría.