En la cama
con una mujer,
me siento tremendamente cómodo.
Y no es por sus senos, no es su cabello,
no es por las filias que me haga tocar,
no es por lo diferente que sea de otras,
no son sus pestañas, no su simple compañía,
no la manera en que sostiene un vaso, no su pintor favorito,
no el camino que explora su respiración,
no es su abdomen ni su partido político.
Tampoco el cómo nos conocimos
o qué tanto evitemos imaginar
el dejarnos de conocer.
¿Qué es?
¿Qué es?
¿Cómo hace esto conmigo?
Son las repuestas que me da
cuando no es carne,
cuando no es cuerpo.
con una mujer,
me siento tremendamente cómodo.
Y no es por sus senos, no es su cabello,
no es por las filias que me haga tocar,
no es por lo diferente que sea de otras,
no son sus pestañas, no su simple compañía,
no la manera en que sostiene un vaso, no su pintor favorito,
no el camino que explora su respiración,
no es su abdomen ni su partido político.
Tampoco el cómo nos conocimos
o qué tanto evitemos imaginar
el dejarnos de conocer.
¿Qué es?
¿Qué es?
¿Cómo hace esto conmigo?
Son las repuestas que me da
cuando no es carne,
cuando no es cuerpo.