alfredo ajo gonzalez
Poeta fiel al portal
Aquella habitación fue cerrada con llave, cerrojo y pestillo, las dos mujeres árabes se desnudaron entre risas, se perdió la noción del tiempo y las calles de la ciudad desaparecieron ante la nueva religión que surgía de las caricias.
La revuelta fue absoluta.
Nos detuvo el sol en alguna esquina mientras nos dirigíamos a nuestras numeradas casas dónde cumplimos una condena de libertad y democracia.
La revuelta fue absoluta.
Nos detuvo el sol en alguna esquina mientras nos dirigíamos a nuestras numeradas casas dónde cumplimos una condena de libertad y democracia.