Sira
Poeta fiel al portal
La rosa blanca
Los frágiles pétalos de una rosa blanca,
casi fosilizada, quebradiza y entreabierta,
me recuerdan que antaño -mas no hace tanto-
fueron los artífices de un millón de azaradas,
candorosas e incrédulas sonrisas tiernas.
Son hoy la tumba de la miríada que emerge
de mis ojos cansados y arrasados; no más que
catacumbas de mis tibias lágrimas inciertas.
Jamás debí olvidarme de sus espinas afiladas
y certeras que, en otro tiempo y en otros
lugares distantes, también atravesaron mis venas.
Los frágiles pétalos de una rosa blanca,
casi fosilizada, quebradiza y entreabierta,
me recuerdan que antaño -mas no hace tanto-
fueron los artífices de un millón de azaradas,
candorosas e incrédulas sonrisas tiernas.
Son hoy la tumba de la miríada que emerge
de mis ojos cansados y arrasados; no más que
catacumbas de mis tibias lágrimas inciertas.
Jamás debí olvidarme de sus espinas afiladas
y certeras que, en otro tiempo y en otros
lugares distantes, también atravesaron mis venas.
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