sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
La rosa marchitada
entre la cumbre de un adiós en la mirada,
que se cae entre los besos que no lucen en el encanto de una palabra,
adiós a la rosa sonrojada
que fue bella mientras las llamadas le guiaban,
que cayó entre los besos que hechizaban la miel de su lenguaje.
Una mirada que caía en su lágrima,
que entonaba a la palabra
para crecer de sus orillas
hasta ser fiel y segura
de que su adiós se palpaba en su añorado pasado
de haber sido la rosa del alba
y que esta se había quemado entre sus versos
apagando sus rizos
que caían entre los pétalos
para naufragar en la orilla de sus deseos,
así hasta quedar dormida y prisionera
pues la habían cerrado en la puerta del amanecer,
por eso se calló en un tiempo sin miradas,
que la luz se quedo en la llamada
que quería ser atraída por el destino que admiraba
su futuro de amor la contagiaba
pero el tiempo la disecaba
porque su brisa se apagaba
sus sueños se condenaban
su tristeza la limitaba
su palabra quería encender la huella que hablaba
para así crear de nuevo su origen
hasta más allá de un beso
que caía entre sus sueños
sin llegar a tocar al sol
que le engañaba.