Asklepios
Incinerando envidias
La sed, alimentada por mil espejismos,
se sentó frente a mí, deleitándose mientras
no dejaba de mirarme.
Yo atendía, desde éste mi asiento vacío y
maltratado por la escasez,
sus sentencias, en todas ya sentenciado.
La muerte comenzó a quemar,
entretenida con mi destino con
iniquidad, con ese regocijo malsano
que busca la total rendición.
Pasaron las horas y llegó la noche…
… la madrugada… y el sol volvió a subir a
lo más alto…
Soporté todo por puro instinto y,
justo en el preciso momento
en el que la locura empieza a rebotar
en el pensamiento, fui rescatado
al despertar, desgarrado por los
sueños que son
el error de mi realidad.
se sentó frente a mí, deleitándose mientras
no dejaba de mirarme.
Yo atendía, desde éste mi asiento vacío y
maltratado por la escasez,
sus sentencias, en todas ya sentenciado.
La muerte comenzó a quemar,
entretenida con mi destino con
iniquidad, con ese regocijo malsano
que busca la total rendición.
Pasaron las horas y llegó la noche…
… la madrugada… y el sol volvió a subir a
lo más alto…
Soporté todo por puro instinto y,
justo en el preciso momento
en el que la locura empieza a rebotar
en el pensamiento, fui rescatado
al despertar, desgarrado por los
sueños que son
el error de mi realidad.