Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hurgando en mi cuello,
porfiando respuestas,
respuestas que quizás hoy se quejan innecesarias,
pero, que necesarias se abren paso en mi besar,
incomprensible actitud,
que estúpidamente sigue prendado a tu bufanda,
como el abejorro a la flor,
¿cómo podría denominarse?
¡¿intuición?!..., ¡¿destrucción?!...,
de querer reconocer que existe aún algo en tu palabra,
que el viento me trae para esperar, respirar y sollozar ,
mmmmmmmmmmmmm ,
o será acaso que el ocaso en mi corazón se niega a reconocer,
que sólo quieres volar sin la compañía de mis versos,
que sólo es mi mente desvariando tu cercanía,
que amar no está en tu vocablo
y la rutilante voz sigue machacando tu nombre en mi cabeza,
recortando letras de Tagoré impresas con madreselvas aprisionando mi estela,
aunque me arranques los pétalos yo seguiré amándote...,
la razón de la sin razón de amar,
llamando al confundido habitante infortunado de la cavilación,
transformando el consumado desdén en antojadizas respuestas,
justificando la abertura de la herida,
que alguna vez creí sellada a fuego y marfil,
hoy se ha empecinado entrar nuevamente en erupción,
hasta cuando la baba definitivamente lave este amor irreal
porfiando respuestas,
respuestas que quizás hoy se quejan innecesarias,
pero, que necesarias se abren paso en mi besar,
incomprensible actitud,
que estúpidamente sigue prendado a tu bufanda,
como el abejorro a la flor,
¿cómo podría denominarse?
¡¿intuición?!..., ¡¿destrucción?!...,
de querer reconocer que existe aún algo en tu palabra,
que el viento me trae para esperar, respirar y sollozar ,
mmmmmmmmmmmmm ,
o será acaso que el ocaso en mi corazón se niega a reconocer,
que sólo quieres volar sin la compañía de mis versos,
que sólo es mi mente desvariando tu cercanía,
que amar no está en tu vocablo
y la rutilante voz sigue machacando tu nombre en mi cabeza,
recortando letras de Tagoré impresas con madreselvas aprisionando mi estela,
aunque me arranques los pétalos yo seguiré amándote...,
la razón de la sin razón de amar,
llamando al confundido habitante infortunado de la cavilación,
transformando el consumado desdén en antojadizas respuestas,
justificando la abertura de la herida,
que alguna vez creí sellada a fuego y marfil,
hoy se ha empecinado entrar nuevamente en erupción,
hasta cuando la baba definitivamente lave este amor irreal