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La Tierra entera (a mi suegra, para que no se olvide)

Évano

Libre, sin dioses.
Fue el amor una casa de piedras
alzadas con manos tan duras
como sus cantos rodados de río;
tan ancha, para refugiarse del otro
y para inviernos de millones de años
con millones de nieve en cada pierna;
techos de pizarra y múltiples ventanas;
de uralita y pocas, si eras muy pobre.

El amor fue carta de soldado
escrita con hambre de vencido;
preguntas sobre la hija en pecado.
Maleta, viaje sin vuelta de Argentina.

El amor fue madre soltera de aldea
tañida con bronce, tan bronce, tan hombre,
tan rudo, tan monte, tan monte, tan monte.

El amor fueron zuecos pisoteando olvido
lento, amargo, lejano como esperanza hubiera.

De pronto eres pala excavando pasillos
de un metro de nieve hasta la escuela
de una niña señalada por la aldea entera.
Eres manos de hierro cortando berzas
a veinte grados bajo cero,
carretilla llevando al alba a la niña a las vacas
con ojo de lobo acechando.

El amor fue liar cigarro-adormidera
y planta hormiguera para el asma
de una hermana viuda -roja como la guerra-
con marido muerto en una celda.

Fuiste cinco cabezas, diez piernas, diez brazos,
cinco espaldas; y pared ante la voz de la aldea,
y truchas y leche y mantequilla y patatas y berzas
y hacha y leña para inviernos de millones de años.

El amor fue abandono de aldea.
Otra vida sirviendo en madriles señoritos;
rodillas al suelo y una hija lavandera
en hoteles de madriles aún más señoritos.

El amor llegó a demencia en la vejez,
en Barcelona, cuando yo te conocí.
Nos marchamos los tres, fugados.
Hubiera robado a tu hija mil veces
de las garras de otro mundo de bronce.

Sonreías cuando te decía que nos íbamos
a la Argentina del único hombre que conociste.

Después de tu muerte no quise saludar
a ese padre de mi pareja, de visita
a la aldea con otras hijas, feas, como su vida.
Tu hija tampoco quiso saludarlo. Ni verlo.

Te recuerdo con cariño y me arrepiento
de no haberte conocido mucho antes.






A mi suegra,
para que no se olvide.




Gracias por leer
y por pensar.
1/5/26
 
Última edición:
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar»

Évano, este poema lleva una carga emocional tan intensa que se siente como entrar en una casa con todas las puertas abiertas, donde cada habitación guarda una historia de supervivencia. Lo que me conmueve profundamente es cómo logras transformar la dureza extrema de una vida en un canto de amor y reconocimiento.

La anáfora de "El amor fue" funciona como un martillo que va construyendo, verso tras verso, el retrato de una mujer que fue todo para todos, y cada repetición añade peso y solemnidad al testimonio. Es un recurso que convierte la enumeración en letanía, en oración laica por una vida que merece ser recordada.

Fuiste cinco cabezas, diez piernas, diez brazos,
cinco espaldas; y pared ante la voz de la aldea

Esa imagen de la multiplicación corporal me desarma porque logra algo muy difícil: hacer visible lo invisible del sacrificio materno sin caer en sentimentalismos. La metáfora de ser "pared ante la voz de la aldea" es devastadora en su precisión.

El giro final, donde apareces tú en primera persona y se revela la intimidad del título, le da al poema una dimensión testimonial que lo eleva. Es literatura de la memoria más necesaria, Évano.
 
Fue el amor una casa de piedras
alzadas con manos tan duras
como sus cantos rodados de río;
tan ancha para refugiarse del otro
y de inviernos de un millón de años
con un millón de nieve en cada pierna;
techos de pizarra y múltiples ventanas,
de uralita y pocas, si eras muy pobre.

El amor fue carta de soldado
escrita con hambre de vencido;
preguntas sobre la hija en pecado.
Maleta, viaje sin vuelta de Argentina.

El amor fue madre soltera de una aldea
tañida con bronce, tan bronce, tan hombre
tan rudo, tan monte, tan monte, tan monte.

El amor fueron zuecos pisoteando olvido
lento, amargo, lejano como esperanza hubiera.

De pronto eres pala excavando pasillos
de un metro de nieve hacia la escuela
de una niña señalada por la aldea entera.
Eres manos de hierro cortando berzas
a veinte grados bajo cero,
carretilla llevando al alba a la niña a las vacas
con ojo de lobo acechando.

El amor fue liar cigarro-adormidera
y planta hormiguera para el asma
de una hermana viuda -roja como la guerra-
de un marido muerto en una celda.

Fuiste cinco cabezas, diez piernas, diez brazos,
cinco espaldas; y pared ante la voz de la aldea,
y truchas y leche y mantequilla y patatas y berzas
y hacha y leña para inviernos de un millón de años.

El amor fue abandono de aldea.
Otra vida sirviendo en madriles señoritos;
rodillas al suelo y una hija lavandera
en hoteles de madriles aún más señoritos.

El amor llegó a la demencia en la vejez,
en Barcelona, cuando yo te conocí.
Nos marchamos los tres, fugados.
Hubiera robado a tu hija mil veces
de las garras de otro mundo de bronce.

Sonreías cuando te decía que nos íbamos
a la Argentina del único hombre que conociste.

Después de tu muerte no quise saludar
a ese padre de mi pareja, de visita
a la aldea con otras hijas, feas, como su vida.
Tu hija tampoco quiso saludarlo. Ni verlo.

Te recuerdo con cariño y me arrepiento
de no haberte conocido mucho antes.






A mi suegra,
para que no se olvide.




Gracias por leer
y por pensar.
1/5/26
Un tributo a una vida de esfuerzo y amor incondicional.

Saludos
 
Fue el amor una casa de piedras
alzadas con manos tan duras
como sus cantos rodados de río;
tan ancha para refugiarse del otro
y de inviernos de un millón de años
con un millón de nieve en cada pierna;
techos de pizarra y múltiples ventanas,
de uralita y pocas, si eras muy pobre.

El amor fue carta de soldado
escrita con hambre de vencido;
preguntas sobre la hija en pecado.
Maleta, viaje sin vuelta de Argentina.

El amor fue madre soltera de una aldea
tañida con bronce, tan bronce, tan hombre
tan rudo, tan monte, tan monte, tan monte.

El amor fueron zuecos pisoteando olvido
lento, amargo, lejano como esperanza hubiera.

De pronto eres pala excavando pasillos
de un metro de nieve hacia la escuela
de una niña señalada por la aldea entera.
Eres manos de hierro cortando berzas
a veinte grados bajo cero,
carretilla llevando al alba a la niña a las vacas
con ojo de lobo acechando.

El amor fue liar cigarro-adormidera
y planta hormiguera para el asma
de una hermana viuda -roja como la guerra-
de un marido muerto en una celda.

Fuiste cinco cabezas, diez piernas, diez brazos,
cinco espaldas; y pared ante la voz de la aldea,
y truchas y leche y mantequilla y patatas y berzas
y hacha y leña para inviernos de un millón de años.

El amor fue abandono de aldea.
Otra vida sirviendo en madriles señoritos;
rodillas al suelo y una hija lavandera
en hoteles de madriles aún más señoritos.

El amor llegó a la demencia en la vejez,
en Barcelona, cuando yo te conocí.
Nos marchamos los tres, fugados.
Hubiera robado a tu hija mil veces
de las garras de otro mundo de bronce.

Sonreías cuando te decía que nos íbamos
a la Argentina del único hombre que conociste.

Después de tu muerte no quise saludar
a ese padre de mi pareja, de visita
a la aldea con otras hijas, feas, como su vida.
Tu hija tampoco quiso saludarlo. Ni verlo.

Te recuerdo con cariño y me arrepiento
de no haberte conocido mucho antes.






A mi suegra,
para que no se olvide.




Gracias por leer
y por pensar.
1/5/26

Soy hija de inmigrantes italianos y de alguna manera siento que esas historias de lucha están presentes en la sangre de cada uno de nosotros.
Justamente estamos hechos de historias y tus manera de contarlas realmente conmueve.
Que tengas un lindo día, saludos compañero.
 
Fue el amor una casa de piedras
alzadas con manos tan duras
como sus cantos rodados de río;
tan ancha para refugiarse del otro
y de inviernos de un millón de años
con un millón de nieve en cada pierna;
techos de pizarra y múltiples ventanas,
de uralita y pocas, si eras muy pobre.

El amor fue carta de soldado
escrita con hambre de vencido;
preguntas sobre la hija en pecado.
Maleta, viaje sin vuelta de Argentina.

El amor fue madre soltera de una aldea
tañida con bronce, tan bronce, tan hombre
tan rudo, tan monte, tan monte, tan monte.

El amor fueron zuecos pisoteando olvido
lento, amargo, lejano como esperanza hubiera.

De pronto eres pala excavando pasillos
de un metro de nieve hacia la escuela
de una niña señalada por la aldea entera.
Eres manos de hierro cortando berzas
a veinte grados bajo cero,
carretilla llevando al alba a la niña a las vacas
con ojo de lobo acechando.

El amor fue liar cigarro-adormidera
y planta hormiguera para el asma
de una hermana viuda -roja como la guerra-
de un marido muerto en una celda.

Fuiste cinco cabezas, diez piernas, diez brazos,
cinco espaldas; y pared ante la voz de la aldea,
y truchas y leche y mantequilla y patatas y berzas
y hacha y leña para inviernos de un millón de años.

El amor fue abandono de aldea.
Otra vida sirviendo en madriles señoritos;
rodillas al suelo y una hija lavandera
en hoteles de madriles aún más señoritos.

El amor llegó a la demencia en la vejez,
en Barcelona, cuando yo te conocí.
Nos marchamos los tres, fugados.
Hubiera robado a tu hija mil veces
de las garras de otro mundo de bronce.

Sonreías cuando te decía que nos íbamos
a la Argentina del único hombre que conociste.

Después de tu muerte no quise saludar
a ese padre de mi pareja, de visita
a la aldea con otras hijas, feas, como su vida.
Tu hija tampoco quiso saludarlo. Ni verlo.

Te recuerdo con cariño y me arrepiento
de no haberte conocido mucho antes.






A mi suegra,
para que no se olvide.




Gracias por leer
y por pensar.
1/5/26
Cuanto amor derramado sobre las mujeres de tu vida, que te habrán dado mucho para que así se los devuelvas. Hermoso poema. Como el que más. Siempre un placer leerte.
 
Fue el amor una casa de piedras
alzadas con manos tan duras
como sus cantos rodados de río;
tan ancha, para refugiarse del otro
y para inviernos de millones de años
con millones de nieve en cada pierna;
techos de pizarra y múltiples ventanas;
de uralita y pocas, si eras muy pobre.

El amor fue carta de soldado
escrita con hambre de vencido;
preguntas sobre la hija en pecado.
Maleta, viaje sin vuelta de Argentina.

El amor fue madre soltera de aldea
tañida con bronce, tan bronce, tan hombre,
tan rudo, tan monte, tan monte, tan monte.

El amor fueron zuecos pisoteando olvido
lento, amargo, lejano como esperanza hubiera.

De pronto eres pala excavando pasillos
de un metro de nieve hasta la escuela
de una niña señalada por la aldea entera.
Eres manos de hierro cortando berzas
a veinte grados bajo cero,
carretilla llevando al alba a la niña a las vacas
con ojo de lobo acechando.

El amor fue liar cigarro-adormidera
y planta hormiguera para el asma
de una hermana viuda -roja como la guerra-
con marido muerto en una celda.

Fuiste cinco cabezas, diez piernas, diez brazos,
cinco espaldas; y pared ante la voz de la aldea,
y truchas y leche y mantequilla y patatas y berzas
y hacha y leña para inviernos de millones de años.

El amor fue abandono de aldea.
Otra vida sirviendo en madriles señoritos;
rodillas al suelo y una hija lavandera
en hoteles de madriles aún más señoritos.

El amor llegó a demencia en la vejez,
en Barcelona, cuando yo te conocí.
Nos marchamos los tres, fugados.
Hubiera robado a tu hija mil veces
de las garras de otro mundo de bronce.

Sonreías cuando te decía que nos íbamos
a la Argentina del único hombre que conociste.

Después de tu muerte no quise saludar
a ese padre de mi pareja, de visita
a la aldea con otras hijas, feas, como su vida.
Tu hija tampoco quiso saludarlo. Ni verlo.

Te recuerdo con cariño y me arrepiento
de no haberte conocido mucho antes.






A mi suegra,
para que no se olvide.




Gracias por leer
y por pensar.
1/5/26
Vaya generación de luchadoras, señor Vicente, se hace obligatorio no olvidarlas.
Un abrazo para ellas y para usted. Gracias por escribir.
 
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar»

Évano, este poema lleva una carga emocional tan intensa que se siente como entrar en una casa con todas las puertas abiertas, donde cada habitación guarda una historia de supervivencia. Lo que me conmueve profundamente es cómo logras transformar la dureza extrema de una vida en un canto de amor y reconocimiento.

La anáfora de "El amor fue" funciona como un martillo que va construyendo, verso tras verso, el retrato de una mujer que fue todo para todos, y cada repetición añade peso y solemnidad al testimonio. Es un recurso que convierte la enumeración en letanía, en oración laica por una vida que merece ser recordada.



Esa imagen de la multiplicación corporal me desarma porque logra algo muy difícil: hacer visible lo invisible del sacrificio materno sin caer en sentimentalismos. La metáfora de ser "pared ante la voz de la aldea" es devastadora en su precisión.

El giro final, donde apareces tú en primera persona y se revela la intimidad del título, le da al poema una dimensión testimonial que lo eleva. Es literatura de la memoria más necesaria, Évano.

Gracias, Robotijo, por tu análisis y por otorgarme poeta del mes ja,ja, ja... Pensarán que estoy chalao, como el que yo me sé ja, ja, ja...

Un tributo a una vida de esfuerzo y amor incondicional.

Saludos


Gracias, señor Alde.

Abrazo hasta su Habana Linda.

Soy hija de inmigrantes italianos y de alguna manera siento que esas historias de lucha están presentes en la sangre de cada uno de nosotros.
Justamente estamos hechos de historias y tus manera de contarlas realmente conmueve.
Que tengas un lindo día, saludos compañero.

Gracias, Cecilya. Creo que en Italia la vida estaba como en España en aquellos tiempos. A lomos de las mujeres. Buenos es escribir sobre ello para que no se olvide.

Salud2 cordiales, compañera.

Cuanto amor derramado sobre las mujeres de tu vida, que te habrán dado mucho para que así se los devuelvas. Hermoso poema. Como el que más. Siempre un placer leerte.

Cierto, Luciana, si no fuera por las mujeres creo que yo no andaría por aquí, y quizá ni por este mundo. Y como yo, millones de hombres descerebrados que solo piensan en la fuerza y el poder.

Abrazo cordial, compañera.

Vaya generación de luchadoras, señor Vicente, se hace obligatorio no olvidarlas.
Un abrazo para ellas y para usted. Gracias por escribir.

Creo que es una obligación, un deber, de justicia, y un placer dejar estás pequeñas constancias para que no se olvide nunca el sacrificio de tantas mujeres a través de la historia. Y para a ver si hay suerte y despiertan estás generaciones z y Alpha, y las que vengan.

Abrazo, compañera. Y anímese a escribir sobre ello. Sin miedo.
 

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