Fernando Azul casi Morado
Poeta recién llegado
habia una niña
a la que le gustaba
observar a los autos
pasar
por avenidas
donde crecen
lirios.
ella siempre estaba ahí,
observando,
sobre todo
cuando en su casa
no dejaba de llover.
se imaginaba
cómo serían las personas
que conducían aquellos
autos.
les inventaba
un nombre,
un trabajo,
un sueño,
una vida
que a ella le gustaría
tener.
ella era muy triste,
la alegría
no era su sentimiento
favorito,
ella era feliz
porque nunca
sonreía.
la gente no entendía
por qué siempre
dejaba
que sus flores se marchitaran,
que sus mascotas murieran,
que sus amigos lloraran.
así era ella,
triste,
siempre triste.
y así le gustaba estar.
una vez me dijo
que la felicidad
mató al gato,
no la curiosidad.
yo le creí.
sonaba lógico.
nunca he visto un gato feliz
y vivo.
y los gatos muertos
que he visto
tienen una sonrisa
que ni la muerte borró.
es por eso
que le creí.
¿por qué las personas
no pueden ver
a alguien triste
sin intentar
hacerlos sonreír?
¿no pueden entender
que la tristeza
es la condición
humana?
al menos
eso es lo que ella
solía decirme
cuando caminabamos
robando flores
de las avenidas.
cada vez
que me siento triste
pienso en ella.
y la recuerdo
todos los días.
con esa mirada
opaca en sus ojos,
que sin duda
se ve mejor
que el estúpido brillo
de la felicidad.
a la que le gustaba
observar a los autos
pasar
por avenidas
donde crecen
lirios.
ella siempre estaba ahí,
observando,
sobre todo
cuando en su casa
no dejaba de llover.
se imaginaba
cómo serían las personas
que conducían aquellos
autos.
les inventaba
un nombre,
un trabajo,
un sueño,
una vida
que a ella le gustaría
tener.
ella era muy triste,
la alegría
no era su sentimiento
favorito,
ella era feliz
porque nunca
sonreía.
la gente no entendía
por qué siempre
dejaba
que sus flores se marchitaran,
que sus mascotas murieran,
que sus amigos lloraran.
así era ella,
triste,
siempre triste.
y así le gustaba estar.
una vez me dijo
que la felicidad
mató al gato,
no la curiosidad.
yo le creí.
sonaba lógico.
nunca he visto un gato feliz
y vivo.
y los gatos muertos
que he visto
tienen una sonrisa
que ni la muerte borró.
es por eso
que le creí.
¿por qué las personas
no pueden ver
a alguien triste
sin intentar
hacerlos sonreír?
¿no pueden entender
que la tristeza
es la condición
humana?
al menos
eso es lo que ella
solía decirme
cuando caminabamos
robando flores
de las avenidas.
cada vez
que me siento triste
pienso en ella.
y la recuerdo
todos los días.
con esa mirada
opaca en sus ojos,
que sin duda
se ve mejor
que el estúpido brillo
de la felicidad.