La última payasada

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
LA ÚLTIMA PAYASADA

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El viejo payaso se encontraba muy deprimido cuando salió a la pista del circo. La bola roja en la nariz, la peluca calva con rizos y la sonrisa pintada en sus labios no podían ocultar la tristeza de su cara. El empresario quería despedirle, después de esa función, si no conseguía hacer reír. Entonces, cuando miró al público fijamente, se le ocurrió cambiar su actuación y, sin pensarlo más, exclamó:

– Ríanse ustedes, por favor. ¡Ríanse mucho! Si no se ríen, este señor que está aquí, el empresario, me despedirá. – suplicó señalando a un hombre sentado en la última grada.

Muchos espectadores se rieron con el payaso y otros, los desgraciados, se rieron de él.

– Ríanse más fuerte. Es verdad lo que digo. Ya soy muy mayor para encontrar otro trabajo. Este señor gordo con la chaqueta azul quiere echarme. ¡Este, sí, este! ¡Malo! ¡Maaaalooooo! – imploró, volviendo a señalarle.

La mayoría de los espectadores abuchearon al empresario mientras salía corriendo y se ocultaba detrás del escenario.

Después de un tenso minuto... el payaso recibió los aplausos más fuertes que había escuchado en toda su vida. Saludó al público con muchas reverencias, salió de la pista y se sentó en las gradas, junto con el público, para seguir viendo el espectáculo como si fuese un espectador más.



 

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LA ÚLTIMA PAYASADA

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El viejo payaso se encontraba muy deprimido cuando salió a la pista del circo. La bola roja en la nariz, la peluca calva con rizos y la sonrisa pintada en sus labios no podían ocultar la tristeza de su cara. El empresario quería despedirle, después de esa función, si no conseguía hacer reír. Entonces, cuando miró al público fijamente, se le ocurrió cambiar su actuación y, sin pensarlo más, exclamó:

– Ríanse ustedes, por favor. ¡Ríanse mucho! Si no se ríen, este señor que está aquí, el empresario, me despedirá. – suplicó señalando a un hombre sentado en la última grada.

Muchos espectadores se rieron con el payaso y otros, los desgraciados, se rieron de él.

– Ríanse más fuerte. Es verdad lo que digo. Ya soy muy mayor para encontrar otro trabajo. Este señor gordo con la chaqueta azul quiere echarme. ¡Este, sí, este! ¡Malo! ¡Maaaalooooo! – imploró, volviendo a señalarle.

La mayoría de los espectadores abuchearon al empresario mientras salía corriendo y se ocultaba detrás del escenario.

Después de un tenso minuto... el payaso recibió los aplausos más fuertes que había escuchado en toda su vida. Saludó al público con muchas reverencias, salió de la pista y se sentó en las gradas, junto con el público, para seguir viendo el espectáculo como si fuese un espectador más.



Atrapa el ritmo y sobre todo la intensidad escenografica de un
bello corto pleno de sentimientos. bello. saludos de luzyabsenta
 
Interesantes como protagonistas de la tragedia son los payasos; el tuyo parece que era ocurrente. Me quedó la duda acerca de si el señor gordo era, efectivamente, el empresario, o un pobre hombre injustamente vilipendiado por el público siempre ávido de sangre. ¿Fue el payaso león en el circo?
Bien escrito tu relato.
abrazo
j.
 
Interesantes como protagonistas de la tragedia son los payasos; el tuyo parece que era ocurrente. Me quedó la duda acerca de si el señor gordo era, efectivamente, el empresario, o un pobre hombre injustamente vilipendiado por el público siempre ávido de sangre. ¿Fue el payaso león en el circo?
Bien escrito tu relato.
abrazo
j.

El empresario era el señor gordo que señaló el payaso, así lo escribo en el penúntimo párrafo. Creo que los buenos payasos son tragicómicos, como bien dices.

Gracias por tu amable comentario. Salud, ventura y alegría.
 
Me agrada tu respuesta para mi comentario. Es bueno tomar iniciativa y leer nuevamente este apreciado micro lleno de sensibilidad
y espacios para respirar los preceptos de esa mirada que poseen los payasos. gracias luzyabsenta

¡Ay! La mirada de un payaso triste es conmovedora.

Gracias por comentar. Salud, ventura y alegría.

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