Alberto Byrd Suárez
Poeta recién llegado
Recorriendo tu cabello, el viento descubre tu sonrisa.
En las líneas que marcan el contorno
de tus cándidos hombros desnudos
está la luz del atardecer
que se irá contigo y con la brisa.
No volverás
y me dejarás
en una soledad de convento inhóspito
de tristeza y de ira.
Tal vez el crepúsculo en tus rizos sea lluvia dorada divina,
y la luz en tus ojos sea mención de esperanza
Que algún día te acepte perdida.
Quiero que hoy, el reflejo en tus pupilas me diga
que el conflicto de mi alma será una matanza
de tus flores, besos y suspiros de intriga.
Ojalá que seas un sueño que nunca existió
para que se vaya tu risa de nostalgias lejanas,
de hojas que sacude las ventiscas apuradas.
Hoy jugamos bajo la tarde, sobre la mies.
Mientras te siga meciendo en este columpio,
danzarás con las nubes, volarás con tus pies
en este momento inmortal
de exquisitez de palabras de miel.
¡Oh!
¡Bramido estridente de la noche tempestuosa!
El cielo se rompe en gritos y dolores de hombre.
El rugido del trueno es parecido a mi nombre
¡cuando empieza a llorar la negrura lastimosa!
¡Te marchas y tiemblo!
Me abrazas y te vas liberando las lágrimas.
-¡Ojalá se me olvide el consuelo de tu piel de sol y de playa!- te grito.
Dios: que olvide su mirada de infinidad de cielo,
de calidez de fuego,
de profundidad de mar,
y de picardía de juego.
¡Ojalá nunca hubiese conocido
Tu cabello otoñal
de alboroto de flores!
¡Llamarada de frutas!
¡Lazos de místico incienso
de emotivas texturas!
Ah, llamarada de espuma.
Ojalá nunca hubiese besado tu boca
de oquedad de agua de manantial.
De estuario en la taza del té,
de esa costumbre matinal
de sosegar todo mi ser.
Y tus labios
Ah, tus labios
parecen haberse formado
pronunciando en demasía la palabra
pasional con los años.
Ojalá no digas hasta nunca.
Y serás como el ave fugaz,
como vaivén de las olas del mar,
el otoño y verano.
La mariposa y la flor.
La luna y el sol.
El polvo y el haz.
Así, entre sueños, reirás conmigo
en esta cálida tarde pasmada
para ti y para mí como amigos
en esta ocurrencia congelada.
-Vete ya- murmullo solo.
O me esfumo y todo lo dejo,
o transfórmate en sueño
y tu amor me lo quedo.
En las líneas que marcan el contorno
de tus cándidos hombros desnudos
está la luz del atardecer
que se irá contigo y con la brisa.
No volverás
y me dejarás
en una soledad de convento inhóspito
de tristeza y de ira.
Tal vez el crepúsculo en tus rizos sea lluvia dorada divina,
y la luz en tus ojos sea mención de esperanza
Que algún día te acepte perdida.
Quiero que hoy, el reflejo en tus pupilas me diga
que el conflicto de mi alma será una matanza
de tus flores, besos y suspiros de intriga.
Ojalá que seas un sueño que nunca existió
para que se vaya tu risa de nostalgias lejanas,
de hojas que sacude las ventiscas apuradas.
Hoy jugamos bajo la tarde, sobre la mies.
Mientras te siga meciendo en este columpio,
danzarás con las nubes, volarás con tus pies
en este momento inmortal
de exquisitez de palabras de miel.
¡Oh!
¡Bramido estridente de la noche tempestuosa!
El cielo se rompe en gritos y dolores de hombre.
El rugido del trueno es parecido a mi nombre
¡cuando empieza a llorar la negrura lastimosa!
¡Te marchas y tiemblo!
Me abrazas y te vas liberando las lágrimas.
-¡Ojalá se me olvide el consuelo de tu piel de sol y de playa!- te grito.
Dios: que olvide su mirada de infinidad de cielo,
de calidez de fuego,
de profundidad de mar,
y de picardía de juego.
¡Ojalá nunca hubiese conocido
Tu cabello otoñal
de alboroto de flores!
¡Llamarada de frutas!
¡Lazos de místico incienso
de emotivas texturas!
Ah, llamarada de espuma.
Ojalá nunca hubiese besado tu boca
de oquedad de agua de manantial.
De estuario en la taza del té,
de esa costumbre matinal
de sosegar todo mi ser.
Y tus labios
Ah, tus labios
parecen haberse formado
pronunciando en demasía la palabra
pasional con los años.
Ojalá no digas hasta nunca.
Y serás como el ave fugaz,
como vaivén de las olas del mar,
el otoño y verano.
La mariposa y la flor.
La luna y el sol.
El polvo y el haz.
Así, entre sueños, reirás conmigo
en esta cálida tarde pasmada
para ti y para mí como amigos
en esta ocurrencia congelada.
-Vete ya- murmullo solo.
O me esfumo y todo lo dejo,
o transfórmate en sueño
y tu amor me lo quedo.