Enrique Quiroz Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA VEJEZ
La Vejez nos llega a prisa como potro galopante,
con su máscara de arrugas, con su tizne de ceniza,
y en su abrazo se contempla como duele cada instante,
cuando hiere con su mueca disfrazada de sonrisa.
Cada día, se anochece más temprano y no comprendo,
-y no cabe en mi cabeza, ni en mis pasos de tortuga,
que la noche se despierte cuando el sol está durmiendo.
¡Qué malaya que es la suerte! Porque sé del que madruga
por ganar algunos años y los pierde padeciendo
los efluvios del festejo al compás de tango y fuga.
La vejez cuando nos dobla por la inercia del andar,
nos semeja a una carroza que se oxida en cada rueda.
Y la edad nos desvanece la esperanza de cargar
un eterno calendario bajo el sol de la alameda.
Y en los días que nos quedan valoramos nuestro horario
como cuentas de un rosario celestial e inmerecido.
Pues consiente que vivamos el instante extraordinario,
- y doy gracias a la vida por su aliento bendecido -
de mirar a nuestros hijos en sus sueños de canario
reviviendo nuestro tiempo viejo tiempo del olvido.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
PIURA- PERÚ
8 DE MAYO DEL 2007
La Vejez nos llega a prisa como potro galopante,
con su máscara de arrugas, con su tizne de ceniza,
y en su abrazo se contempla como duele cada instante,
cuando hiere con su mueca disfrazada de sonrisa.
Cada día, se anochece más temprano y no comprendo,
-y no cabe en mi cabeza, ni en mis pasos de tortuga,
que la noche se despierte cuando el sol está durmiendo.
¡Qué malaya que es la suerte! Porque sé del que madruga
por ganar algunos años y los pierde padeciendo
los efluvios del festejo al compás de tango y fuga.
La vejez cuando nos dobla por la inercia del andar,
nos semeja a una carroza que se oxida en cada rueda.
Y la edad nos desvanece la esperanza de cargar
un eterno calendario bajo el sol de la alameda.
Y en los días que nos quedan valoramos nuestro horario
como cuentas de un rosario celestial e inmerecido.
Pues consiente que vivamos el instante extraordinario,
- y doy gracias a la vida por su aliento bendecido -
de mirar a nuestros hijos en sus sueños de canario
reviviendo nuestro tiempo viejo tiempo del olvido.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
PIURA- PERÚ
8 DE MAYO DEL 2007
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