Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
La vida servida a la mesa, con menú de postres,
victoria en el campo de batalla, resurrección en La Tierra,
mis suspiros sentados junto a la taza
del manjar de olores que llevas en mi cabeza.
El laberinto de los números menos,
la danza del fuego junto a tu canción,
dos ases en este juego de carta que no conocemos
y que tiene de premio un lugar en tu corazón.
Qué bien que aún existan inventos que no se inventaran,
sabores de cocina que no se hayan preparado,
a ver si en la noche me explicas si aunque seas dama
tienes permitido juntarte con los pecadores
o es que quieres jugar al confesionario.
Confieso que yo no tengo motivos de huir,
y si acaso persigo algún sueño de esos de amor
solamente persigo mezclar en tu boca el anís
que lleva tu lengua, con mi sudor.
Sírveme de psicóloga, psiquiatra y doctor
y cura las penas de mi corazón,
dame un beso indecente y otro inocente
para probar diferencias con el mismo sabor.
Cuéntame quién te dijo que debías esperar
por un príncipe azul,
tíñeme el pelo, pinta mis canas y vente a jugar,
vístete de enfermera y vente en seguida a esta latitud.
Con la mesa servida, no hay peor agonía
que no probar esta noche, tu boca mi amor.
Con la mesa servida, me quedo esperando
que no caiga el telón.
victoria en el campo de batalla, resurrección en La Tierra,
mis suspiros sentados junto a la taza
del manjar de olores que llevas en mi cabeza.
El laberinto de los números menos,
la danza del fuego junto a tu canción,
dos ases en este juego de carta que no conocemos
y que tiene de premio un lugar en tu corazón.
Qué bien que aún existan inventos que no se inventaran,
sabores de cocina que no se hayan preparado,
a ver si en la noche me explicas si aunque seas dama
tienes permitido juntarte con los pecadores
o es que quieres jugar al confesionario.
Confieso que yo no tengo motivos de huir,
y si acaso persigo algún sueño de esos de amor
solamente persigo mezclar en tu boca el anís
que lleva tu lengua, con mi sudor.
Sírveme de psicóloga, psiquiatra y doctor
y cura las penas de mi corazón,
dame un beso indecente y otro inocente
para probar diferencias con el mismo sabor.
Cuéntame quién te dijo que debías esperar
por un príncipe azul,
tíñeme el pelo, pinta mis canas y vente a jugar,
vístete de enfermera y vente en seguida a esta latitud.
Con la mesa servida, no hay peor agonía
que no probar esta noche, tu boca mi amor.
Con la mesa servida, me quedo esperando
que no caiga el telón.