Sollozando en la mañana me hayas.
Vencido no hago inciso a lo acontecido.
Acostumbrado ya a perderme por inercia
no hay paciencia mayor que la mia
Acodado a la ventana fria del atardecer,
consumiéndote, consumiéndome
no encuentro lugar al que allegarme
ni lecho que apacigüe mis nervios.
Solo tu eres dueña y señora de mi espíritu.
Doblegas mi alma y hiergues la espada
firmemente sobre mi yelmo quebrado
por tu látigo que de nuevo amenaza tormenta
y echando a andar procedo averiguar
otro de tus jeroglíficos inútiles de descifrar.
Me siento contigo a esperar nada y
en un momento confirmo tu poder
y no hay quien a desposarme y
así se alargue el tedio de nuestras vidas
en la viña sagrada de tu sangre.
Vencido no hago inciso a lo acontecido.
Acostumbrado ya a perderme por inercia
no hay paciencia mayor que la mia
Acodado a la ventana fria del atardecer,
consumiéndote, consumiéndome
no encuentro lugar al que allegarme
ni lecho que apacigüe mis nervios.
Solo tu eres dueña y señora de mi espíritu.
Doblegas mi alma y hiergues la espada
firmemente sobre mi yelmo quebrado
por tu látigo que de nuevo amenaza tormenta
y echando a andar procedo averiguar
otro de tus jeroglíficos inútiles de descifrar.
Me siento contigo a esperar nada y
en un momento confirmo tu poder
y no hay quien a desposarme y
así se alargue el tedio de nuestras vidas
en la viña sagrada de tu sangre.