Ramon bonachi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Abocada a su desdicha, malvivía Anduriña por huir demasiado pronto de su nido.
Cansada, sin familia y sin saber qué hacer, lamentaba toda aquella prisa por ser mujer. Se abre un nuevo día, más difícil que el de ayer, sus ojos no lloran, pero su cara perdió la sonrisa que llevaba cuando se fue. Con un café, se acaba su desayuno, para comer, ya ira improvisando, para cenar, solo un deseo, y en la nevera... desolación.
Hoy tuvo la visita de un pequeño Ruiseñor. Vestida de samaritana, una anciana entró en su pena, le dejó pan para comer, bebida para beber y para el dolor... amor . -No podré pagarte pequeño ruiseñor-, repetía sin dejar de llorar, no me debes nada lo hago por amor, así son los deseos del señor. Recuerda este momento y, si algún día puedes, ayuda a quien haga falta, igual que he hecho yo.
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