La viuda

Bella sin Alma

Poeta recién llegado
Admiró sus bien torneadas piernas mientras terminaba de enfundarlas en la suavidad cristalina de sus medias de seda negra. Se miró al espejo de cuerpo entero alisando y ajustando su vestido a las mareantes curvas de su joven cuerpo. Pintó sus carnosos labios de un vivo rojo en contraste con el negro riguroso de su luto. Se calzó sus zapatos de finísimo tacón de aguja y tras darse el visto bueno, salió corriendo hacia el cementerio donde ya la estaría aguardando él en su féretro. Sin una lágrima, le dedicaría como su último adiós, un corte de mangas y su mejor sonrisa.


Carmen


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Admiró sus bien torneadas piernas mientras terminaba de enfundarlas en la suavidad cristalina de sus medias de seda negra. Se miró al espejo de cuerpo entero alisando y ajustando su vestido a las mareantes curvas de su joven cuerpo. Pintó sus carnosos labios de un vivo rojo en contraste con el negro riguroso de su luto. Se calzó sus zapatos de finísimo tacón de aguja y tras darse el visto bueno, salió corriendo hacia el cementerio donde ya la estaría aguardando él en su féretro. Sin una lágrima, le dedicaría como su último adiós, un corte de mangas y su mejor sonrisa.


Carmen


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Al final ella sentió cierta libertad. que mejor que el negro para sonreir en
el momento definitivo. me ha gustado la escenografia del relato. saludos de
luzyabsenta
 

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