La voz de mi angustia, la daga de mi suerte

RobinHood

Poeta recién llegado
Dejo mortal y herida la saliva que no engullo
por más que ese trago me haga apaciguar la locura
y las estrellas iluminen la soledad de mi cordura.

No doblego el mundo ni quedo postrado a sus pies,
tú que sabes quién es el que esparce nuestro humo
y desgasta el consumo del amor, de mi amor por ti,
de tu amor por él.

Erizado sin apenas frio, envuelto en crimen de mentiras,
harapiento y torneado, esculpido sin más tiempo
del que abandonaste en mi mejilla.

No sé si el saber es sabiduría, si el amar es locura,
si soñar es la hermosura que aún queda en mis días,
no sé si amarte es vida, o si mi vida robaste con tu ternura.

No sé qué asignatura suspendí,
en la carrera hacia tu novela,
no sé seguir la estela que aquel día descubrí,
no late ya el latir que encendió en el pasado una vela
ahora que los pétalos alfombran marchitos tu jardín.

En el bosque se esconde el verde
y es oscuro el color del cielo,
yo que he soñado y venero el sol que se cierne,
y en la vuelta descubro el miedo
que eriza mi desnudo cuerpo al sufrir perderte.

En el ayer, en el hoy,
en el mañana, en la muerte,
mi amor por ti, tu amor por él,
será la voz de mi angustia, la daga de mi suerte.


RobinHood, ladrón de versos
 

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