Laberinto

Henry Miller

Poeta recién llegado
Se escuchan puertas que se abren


la mansión del eco está vacía


puedo caminar en silencio sin ser notado


los espejos son profundos como túneles


las miradas se pierden a cada paso


los relojes señalan una hora fija.




Siento que caigo sin freno


y no intento aferrarme a nada,


en el vértigo hallo la paz.


Sé que la muerte se quedó sin mí


soy uno con este caer


mis ojos se funden en el aire


No hay más allá en esta muerte niña,


mis ojos se columpian en el cielo


y de cada nota perdida


brota una sinfonía de claveles,


Yo soy el poeta


y te estoy cantando,


no necesito hablar


para que me escuches,


estoy en el aire que te rodea


en la flor que llevas en el vientre,


ni siquiera tienes que mirarme


para que te posea.


Eres mía


Como la luz que dora el aire.




Subo a la torre de tu olvido


y te llamo calladamente


y tú estas tan pálida que ni te ves.


De tu pelo brotan todos los nombres


por tu rostro desfilan todas las sombras,


tu veniste a este sueño


y ahora estás atrapada


en tus palabras,


quieres volar o salir corriendo


en vano buscas la salida


y yo te miro divertido


mientras echo unas migas


a las palomas.





No era tan fácil como pensabas,


lo apresuraste todo


y ahora estas confusa,


tus cabellos van de un lado a otro


estás perdida en este laberinto,


en este bosque encantado


y no sabes seguir el rastro


sin mi nombre.





Siempre pensaste en las trampas


y no pudiste imaginar lo simple


que era hechicero


que iba a volver sobre tus pasos


y que vendrías a mí


sin proponértelo.


Yo tengo las llaves de este reino


cuando despiertes lo sabra
s
 

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