Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No te beso la boca:
me muero en ella.
Me suicido lento entre tu aliento y mi desesperación.
No te beso:
te invoco.
Porque tu boca no es carne,
es casa,
es himno,
es hambre.
Cuando tus labios rozan los míos,
no hay mundo,
no hay ruido,
no hay prisa.
Hay un temblor
que se parece al universo derrumbándose para volver a nacer.
Labio con labio,
como quien se aferra a la última palabra
antes de quedarse mudo.
Como quien sabe
que el amor —el de verdad—
no se dice,
se besa.
Y yo te beso para no tener que explicarte.
Te beso para no tener que irme.
Te beso porque ahí,
justo ahí,
labio con labio,
la vida se justifica.
me muero en ella.
Me suicido lento entre tu aliento y mi desesperación.
No te beso:
te invoco.
Porque tu boca no es carne,
es casa,
es himno,
es hambre.
Cuando tus labios rozan los míos,
no hay mundo,
no hay ruido,
no hay prisa.
Hay un temblor
que se parece al universo derrumbándose para volver a nacer.
Labio con labio,
como quien se aferra a la última palabra
antes de quedarse mudo.
Como quien sabe
que el amor —el de verdad—
no se dice,
se besa.
Y yo te beso para no tener que explicarte.
Te beso para no tener que irme.
Te beso porque ahí,
justo ahí,
labio con labio,
la vida se justifica.