Confieso que he robado.
Los jardines más bellos
han sido mis víctimas.
Confieso también
que existe un cómplice
de mi dulce fechoría,
la luna llena, silente compañía.
Quieren que siga confesando,
cada noche de luna llena,
ando en busca de la flor
que sea bella, más que mi amada,
para olvidarla...
Paso noches frías
buscando una más bella,
pero son en vano.
Pareciera que nació
en un jardín inexistente
aquí en la tierra y en el presente.
Cuando llegaba la época
de las flores acabadas,
de la lozanía vencida
por las estaciones del año.
Mis manos otoñales
palpaban tu impalpable,
que se había quedado en primavera...
Sí, soy un ladrón de flores,
tal vez me descubran.
Pero no me quedaré esperando
a más enamorarme,
voy a buscar una flor,
una más bella que mi amada,
para vivir con ella siempre,
con una flor inanimada.