Lamentablemente

Asklepios

Incinerando envidias
Lamentablemente, no pude asistir al parto. Cuando llegué al hospital, mi mujer estaba descansando y no la quise molestar. Así que, tras preguntar a una enfermera, ésta me acompañó hasta la sala donde vigilan y están en reposo los recién nacidos. Allí estaban todos, cada uno en su pequeña cuna. Y yo, desde detrás de la cristalera, fue a primera vista que supe que mi hijo era él. No tuve la menor duda. Los demás bebés, todos, eran de color
 

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