aley
Poeta recién llegado
Te tiras en la noche a llorar
poco a poco su perfume se va,
la nostalgia te invadirá,
el miedo comienza a brotar.
Te arrastras en la obscuridad
pidiendo a la luna piedad,
buscando en el cielo la verdad,
robandole a las nubes su disfraz
para poderte de la vergüenza tapar.
undiendote en las olas del mar,
calmando tus penas
enrte los árboles y plantas,
deseando estar en paz.
Lamentandote al anochecer,
de culpa llenando tu ser,
de tristeza bañando tu piel,
queriendo, dejar de ser.
esperas que el tiempo te de razón,
rascando las piedras de tu carazón,
fundiendote en una falsa pasión,
hacercandote, a la ilusión,
todo para calmar tu dolor.
La estampa de tu lamento
es aquella que te roba el aliento,
la que en las frías madrugadas
te mantiene muy despierto,
la que te alborota entre sabanas,
la que detiene el tiempo.
La tristeza te abraza,
en sus brazos te levanta,
a tu corazón se encaja como una espada,
te roba toda fría esperanza.
El recuerdo te castiga con su foto,
pierdes los santos cuerdos,
te envuelves en amargos sollozos,
pensando aún en sus bellos ojos.
Retas estupidamente al espejo
queriendo ocultar ese feo rostro,
ese reflejo cruelmente viejo.
poco a poco su perfume se va,
la nostalgia te invadirá,
el miedo comienza a brotar.
Te arrastras en la obscuridad
pidiendo a la luna piedad,
buscando en el cielo la verdad,
robandole a las nubes su disfraz
para poderte de la vergüenza tapar.
undiendote en las olas del mar,
calmando tus penas
enrte los árboles y plantas,
deseando estar en paz.
Lamentandote al anochecer,
de culpa llenando tu ser,
de tristeza bañando tu piel,
queriendo, dejar de ser.
esperas que el tiempo te de razón,
rascando las piedras de tu carazón,
fundiendote en una falsa pasión,
hacercandote, a la ilusión,
todo para calmar tu dolor.
La estampa de tu lamento
es aquella que te roba el aliento,
la que en las frías madrugadas
te mantiene muy despierto,
la que te alborota entre sabanas,
la que detiene el tiempo.
La tristeza te abraza,
en sus brazos te levanta,
a tu corazón se encaja como una espada,
te roba toda fría esperanza.
El recuerdo te castiga con su foto,
pierdes los santos cuerdos,
te envuelves en amargos sollozos,
pensando aún en sus bellos ojos.
Retas estupidamente al espejo
queriendo ocultar ese feo rostro,
ese reflejo cruelmente viejo.