Bender Carvajal
Poeta recién llegado
“Santiago con olor a perro moja’o”
dice Lara.
Lara tiene el olfato en los ojos,
ve la lluvia con pena
y se tapa la boca,
pero le encanta que el cielo
le caiga de lleno en la cara.
Lara cuenta pasos, cuenta gotas,
la persigue la lluvia
como a una niña traviesa,
se lava el corazón
con los pechos abiertos
y hay crisálidas en su ventana;
se enjuaga la boca
y emputece por todo.
Su boca de arroz
es una pizarra llena de limones,
por eso Dios se pinta de agrio.
Lara dice “Santiago con olor a perro moja’o”,
pero ella no tiene perros,
los perros del abandono
muerden por Lastarria
y Lara se ha vacunado
contra el olvido.
Lara sabe que con la lluvia
en el piso no se notan
los cristales rotos,
y Lara tiene en el pecho
un marco de aluminio vacío.
Lara se lava los ojos
con la lluvia que dice
que hace que Santiago huela a perro moja’o,
pero Lara ya no le teme al cielo.
Lara ha paseado ebria por el infierno
y le encanta el calor…
pero la lluvia la enamora,
todos aman la lluvia
bajo un techo de ojos
que les cobije,
aunque Lara aprieta los párpados
y saca la mano
con la copa de vino por la ventana
y traga sin respirar hasta el fondo,
porque le gusta sentir
que cuando bebe y olvida
el corazón ya no le huele a perra moja’.
dice Lara.
Lara tiene el olfato en los ojos,
ve la lluvia con pena
y se tapa la boca,
pero le encanta que el cielo
le caiga de lleno en la cara.
Lara cuenta pasos, cuenta gotas,
la persigue la lluvia
como a una niña traviesa,
se lava el corazón
con los pechos abiertos
y hay crisálidas en su ventana;
se enjuaga la boca
y emputece por todo.
Su boca de arroz
es una pizarra llena de limones,
por eso Dios se pinta de agrio.
Lara dice “Santiago con olor a perro moja’o”,
pero ella no tiene perros,
los perros del abandono
muerden por Lastarria
y Lara se ha vacunado
contra el olvido.
Lara sabe que con la lluvia
en el piso no se notan
los cristales rotos,
y Lara tiene en el pecho
un marco de aluminio vacío.
Lara se lava los ojos
con la lluvia que dice
que hace que Santiago huela a perro moja’o,
pero Lara ya no le teme al cielo.
Lara ha paseado ebria por el infierno
y le encanta el calor…
pero la lluvia la enamora,
todos aman la lluvia
bajo un techo de ojos
que les cobije,
aunque Lara aprieta los párpados
y saca la mano
con la copa de vino por la ventana
y traga sin respirar hasta el fondo,
porque le gusta sentir
que cuando bebe y olvida
el corazón ya no le huele a perra moja’.
Última edición: