LARGO VIAJE
Mañana, al caer la noche eterna en mis ojos,
yo me iré (con los pies descalzos y las manos vacías)
por los caminos del no ser;
y habrá llovido a torrentes incesantes
tus ojos de viuda melancólica.
Se habrá hecho de noche en el huerto.
Ya en los guindos y naranjales,
comenzarán a tejer sus madrigueras
las nostalgias; y las ganas de vivir
se irán muriendo en los patios ausentes.
He aquí, en mi terruño de siempre,
se habrán de quedar en duelo los pájaros
en sus ramas desnudas del otoño,
y no tendrán a quien cantarle
ni en qué alboradas despertarse.
Se habrá hecho de noche en el hogar;
y tú, querida, sentada en tu soledad,
lloraras aún más -a escondidas del amor del verano-
inviernos incesantes
al ser que más te amó en la vida.
Cariño, cuando yo me haya muerto
tú también habrás muerto conmigo;
y desde los vetustos tejados,
una calandria vespertina y lacrimosa, silbará
un extingo huayno de despedida.
Mañana, al caer la noche eterna en mis ojos,
yo me iré (con los pies descalzos y las manos vacías)
por los caminos del no ser;
y habrá llovido a torrentes incesantes
tus ojos de viuda melancólica.
Se habrá hecho de noche en el huerto.
Ya en los guindos y naranjales,
comenzarán a tejer sus madrigueras
las nostalgias; y las ganas de vivir
se irán muriendo en los patios ausentes.
He aquí, en mi terruño de siempre,
se habrán de quedar en duelo los pájaros
en sus ramas desnudas del otoño,
y no tendrán a quien cantarle
ni en qué alboradas despertarse.
Se habrá hecho de noche en el hogar;
y tú, querida, sentada en tu soledad,
lloraras aún más -a escondidas del amor del verano-
inviernos incesantes
al ser que más te amó en la vida.
Cariño, cuando yo me haya muerto
tú también habrás muerto conmigo;
y desde los vetustos tejados,
una calandria vespertina y lacrimosa, silbará
un extingo huayno de despedida.