Las aves de las alas rotas.

Luis Elissamburu

Poeta fiel al portal
Hace poco escuché a un cura hablar de aquellas tías viejas que se quedaban solteras para cuidar a sus padres. En muchas culturas aborígenes estaban también presentes. Nada hemos inventado. Mis recuerdos de la infancia, me llevaron inmediatamente a mi tia abuela Ana, Ana Marìa Elissamburu. Todo un personaje, modista, profesora de corte y confección, madre de una legión de sobrinos y sobrinos nietos (incluyéndome a mí).
El domingo próximo es el día de la madre y honraremos a todas nuestras mamás, abuelas, suegras, etc.
Yo también lo haré. Pero reservaré un pedacito de mi corazón para todas esas mamás sin título, las aves de las alas rotas, que optaron por quebrarlas ellas mismas para no volar lejos de los seres que las necesitaban. Dios bendiga a las vocaciones verdaderas.
 
Vaya con lo que me encuentro, un relato precioso , tierno y que nos llama a la gratitud, conozco muchas mujeres así de hermosas y entre ellas mi favorita: mi hermana! Un abrazo y gracias por compartir tus letras.
 
Claro que sí, una vocación, un apostolado y vaya que es bendición divina lograr aquello si cada mujer quiere tener a sus propios hijos, solo si no pudiera piensa en la posibilidad de criar o cuidar a los que no han nacido de su vientre. Tu tía abuela, Ana María parió lo hijos desde el alma. Que sea un buen día mañana para recordarlas con cariño y alegría porque descansan. Buenas noches, Luis.
 
Hace poco escuché a un cura hablar de aquellas tías viejas que se quedaban solteras para cuidar a sus padres. En muchas culturas aborígenes estaban también presentes. Nada hemos inventado. Mis recuerdos de la infancia, me llevaron inmediatamente a mi tia abuela Ana, Ana Marìa Elissamburu. Todo un personaje, modista, profesora de corte y confección, madre de una legión de sobrinos y sobrinos nietos (incluyéndome a mí).
El domingo próximo es el día de la madre y honraremos a todas nuestras mamás, abuelas, suegras, etc.
Yo también lo haré. Pero reservaré un pedacito de mi corazón para todas esas mamás sin título, las aves de las alas rotas, que optaron por quebrarlas ellas mismas para no volar lejos de los seres que las necesitaban. Dios bendiga a las vocaciones verdaderas.

Madre, una bendición, renuncia de amor, por amor. Gracias M A D R E.

¡Gracias Luis!
 
Ella, la mía se llamaba LOLITA.
Con tu precioso aporte
hago un homenaje a esta dama
que compartió con nosotros
la niñez, la juventud y algunos años
cuando fui madre.
Lo que dices encaja perfecto a mi tía
ella, quien fue madrina de matrimonio de mis padres
y madrina de bautizo de los cinco hijos,
cuánto, cuánto amor nos dio
haciéndonos hijos adoptivos en su corazón.

Hasta el cielo... UN TE AMO bella señora.

Para ti poeta, gracias
por recordarnos simplezas tan sagradas.
 
Vaya con lo que me encuentro, un relato precioso , tierno y que nos llama a la gratitud, conozco muchas mujeres así de hermosas y entre ellas mi favorita: mi hermana! Un abrazo y gracias por compartir tus letras.

Gracias por tus palabras, como siempre mejoran lo que yo escribo. Compartir estas historias las hace tener sentido.
Un abrazo.
 
Claro que sí, una vocación, un apostolado y vaya que es bendición divina lograr aquello si cada mujer quiere tener a sus propios hijos, solo si no pudiera piensa en la posibilidad de criar o cuidar a los que no han nacido de su vientre. Tu tía abuela, Ana María parió lo hijos desde el alma. Que sea un buen día mañana para recordarlas con cariño y alegría porque descansan. Buenas noches, Luis.



Desde el corazón se logran todas las cosas. La humanidad sigue caminos a menudo equivocados porque sus estructuras miran desde otra parte. Cuando nos demos cuenta del error la vida tendrá un valor distinto.
Un abrazo para ti.
 
Ella, la mía se llamaba LOLITA.
Con tu precioso aporte
hago un homenaje a esta dama
que compartió con nosotros
la niñez, la juventud y algunos años
cuando fui madre.
Lo que dices encaja perfecto a mi tía
ella, quien fue madrina de matrimonio de mis padres
y madrina de bautizo de los cinco hijos,
cuánto, cuánto amor nos dio
haciéndonos hijos adoptivos en su corazón.

Hasta el cielo... UN TE AMO bella señora.

Para ti poeta, gracias
por recordarnos simplezas tan sagradas.

En el Cielo nos encontraremos con todas estas personas de gran valor. El reconocerlas ya les da un título de nobleza en este mundo. Lo simple es el gran secreto que se nos olvida.
Gracias a ti por leerme.
Un abrazo.
 

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