Columnas invisibles
sostienen el templo
de la inmensidad,
centinelas gigantes
inmunes muy celosos
de la perpetuidad,
donde un ir y devenir
de las almas festivas
adoran a la Luz que se prodiga,
donde los astros se inclinan
con fervor sacramental,
ante el único arquitecto
de la cosmología
y de la Sabiduría,
el de la la Sonrisa Inmortal,
que converge todo lo bello
de la tierra con lo sideral,
confieso el que más quiero.
sostienen el templo
de la inmensidad,
centinelas gigantes
inmunes muy celosos
de la perpetuidad,
donde un ir y devenir
de las almas festivas
adoran a la Luz que se prodiga,
donde los astros se inclinan
con fervor sacramental,
ante el único arquitecto
de la cosmología
y de la Sabiduría,
el de la la Sonrisa Inmortal,
que converge todo lo bello
de la tierra con lo sideral,
confieso el que más quiero.