Innumerables collares de perlas descendían
del cielo en el llanto del invierno de aquel año;
por más alegre que estuviera
me puse a llorar a dúo con la lluvia;
los dos nos consolamos mutuamente:
yo perdonando los olvidos de ti, amada,
ella reclamando al cielo por no haberla retenido.
Cuando las nubes en primavera se marcharon
llevándose consigo del sol el manto gris,
las flores y yo nos levantamos desde el suelo,
nos confundimos en un abrazo insospechado
y juntos nos perdimos en el cielo,
cristalinas, hechas perfume lo hicieron ellas,
y yo, subido al arco iris, tratando de encontrarte.
Mi corazón enfermo convaleció en el verano:
el mar generoso lavó mis amarguras,
con el calor se evaporaron mis lágrimas de sangre,
el sol disipó las sombras de mis dudas,
en la arena sepulté los melancólicos recuerdos,
en las palmeras colgué mis tristes pensamientos
y en las olas a tu puerto te envié mis ilusiones.
En otoño las hojas de las plantas temblaron sorprendidas
mirando las diademas que se formaban con la escarcha
y el desfile de zafiros que resbalaba en el rocío;
en el estanque raras gotas tus ojos dibujaban
dilatándose en comunión con mis latidos
en una sinfonía de notas diamantinas
que era el canto de m amor que besaba tu cuerpo frío.
Las cuatro estaciones agradezco desde siempre:
espero la primavera cuando florece tu alegría;
el verano echo de menos en que el sol alumbra mi existencia;
añoro el otoño que tu olvido echa a volar con la hojarasca;
adoro el invierno que lava mis heridas con sus lluvias;
pero sólo amo tu presencia inolvidable, vida mía,
que hace que las estaciones se sucedan cada año.
del cielo en el llanto del invierno de aquel año;
por más alegre que estuviera
me puse a llorar a dúo con la lluvia;
los dos nos consolamos mutuamente:
yo perdonando los olvidos de ti, amada,
ella reclamando al cielo por no haberla retenido.
Cuando las nubes en primavera se marcharon
llevándose consigo del sol el manto gris,
las flores y yo nos levantamos desde el suelo,
nos confundimos en un abrazo insospechado
y juntos nos perdimos en el cielo,
cristalinas, hechas perfume lo hicieron ellas,
y yo, subido al arco iris, tratando de encontrarte.
Mi corazón enfermo convaleció en el verano:
el mar generoso lavó mis amarguras,
con el calor se evaporaron mis lágrimas de sangre,
el sol disipó las sombras de mis dudas,
en la arena sepulté los melancólicos recuerdos,
en las palmeras colgué mis tristes pensamientos
y en las olas a tu puerto te envié mis ilusiones.
En otoño las hojas de las plantas temblaron sorprendidas
mirando las diademas que se formaban con la escarcha
y el desfile de zafiros que resbalaba en el rocío;
en el estanque raras gotas tus ojos dibujaban
dilatándose en comunión con mis latidos
en una sinfonía de notas diamantinas
que era el canto de m amor que besaba tu cuerpo frío.
Las cuatro estaciones agradezco desde siempre:
espero la primavera cuando florece tu alegría;
el verano echo de menos en que el sol alumbra mi existencia;
añoro el otoño que tu olvido echa a volar con la hojarasca;
adoro el invierno que lava mis heridas con sus lluvias;
pero sólo amo tu presencia inolvidable, vida mía,
que hace que las estaciones se sucedan cada año.